"RÉQUIEM" PARA UN ZORRO QUE NO DEBÍA MORIR Imprimir
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FUE EN LOS TIEMPOS DE AQUELLA PROLONGADÍSIMA SEQUÍA...

 

      Fue en los tiempos de la prolongada sequía ( transcurrió bastante mas de medio año sin llover) que afectó a estas tierras boscosas de Formosa y a gran parte del "Gran Chaco Americano", cuando aun en Primavera, al llegar la siesta, el sol tropical calcinaba y resquebrajaba la tierra, mientras un viento tórrido y reseco del noroeste arrastraba una enorme polvareda que le daba al paisaje un aspecto gris o ligeramente amarillento...

 

 

      Después, en estas épocas así, cuando llega la noche, debido  a la escasísima humedad (que impide la regulación térmica), la temperatura suele bajar notablemente y a veces hasta se siente frío...

       La mayoría de las lagunas y represas ya se encontraban totalmente secas...

      Muchas vacas enfermas, enflaquecidas y debilitadas por la falta de "pasto", morían "empantanadas" en el escaso barro que todavía quedaba en algunos esteros, y las bestias del monte buscaban desesperadamente los pocos reservorios de agua que, aunque barrosa, aun se pudiera beber...

 

 

   UNA VIEJA Y PROFUNDA REPRESA, CASI OCULTA ENTRE LOS MATORRALES

 

 

      Y precisamente allí, entre los matorrales que se encuentran al este de la ruta provincial 23, en el lugar conocido como "la entrada vieja al campo del finado Caraícho Fernández" (siete kilómetros al sur de Palo Santo), hay una antigua "represa" relativamente profunda, protegida por la sombra de abundantes árboles, donde ni el calor ni las mas prolongadas sequías consiguen evaporar la totalidad del agua que se acumula en la misma...

      Generalmente, cuando termina el día,... y cuando  llega la oscuridad... y ningún humano (o muy pocos) transitan por la ruta,... en medio de las tinieblas, una gran variedad de animales silvestres de la zona, desesperados por la falta de agua, suelen concurrir a ese lugar para calmar su sed...

      Resulta difícil verlos directamente, a tan altas horas de la noche, pero a la mañana siguiente, uno puede observar sus rastros en el barro que la rodea y en el suelo polvoriento de las proximidades...

      Fue justamente en ese sitio y en una noche  muy oscura, porque la luna estaba en cuarto menguante y su debilísima luz casi no conseguía atravesar la densa espesura de los matorrales, cuando sucedió todo aquello...

      Eran mas o menos las doce de la noche,... y quinientos metros al sur (de la "represa", por supuesto), un zorro del monte caminaba (o mas bien corría) por un angosto y casi imperceptible "caminito" entre la maleza, con rumbo al lugar donde podía encontrar agua... Y la oscuridad y la escasísima visibilidad imperante no parecía afectarle demasiado, ya que sus ojos y su vista se encontraban altamente adaptados para andar y moverse libremente en el tenebroso universo de la noche...

            

                      

 

 

 

  EN SU VIDA, EL ZORRO HABÍA CONOCIDO YA ...

 

 

      En su vida había conocido ya otros largos períodos de seca, pero el fino  olfato del animal estaba en condiciones de detectar cualquier levísimo olor a determinada materia orgánica descompuesta que resultara indicativo de la presencia de agua...

      "Huelen el agua", dicen los lugareños,... Aunque en realidad lo que huelen no es el agua (el agua no tiene olor), sino que su sensible olfato percibe el olor de los seres vivos o la materia orgánica que se encuentra en lo húmedo o dentro  o flotando en el agua misma...

      Pero lo cierto es que, para las bestias del monte, saber encontrar el agua, por mas lejos y oculta que esté, es fundamental para sobrevivir...

      El zorro se acercaba cada vez más,... Su fino hocico,... la armonía de su cuerpo, cubierto por un hermoso pelaje gris un tanto rojizo, su espesa cola, esos ojos con una mirada astuta que expresaba mucha inteligencia, y la agilidad de su andar, le conferían al animal una salvaje belleza que se hacía aun mas salvaje y hermosa en ese misterioso paisaje de sombras y árboles retorcidos, y ramas parecidas a  gigantescas serpientes, ennegrecidos por la oscuridad y que constituyen el mundo de la noche...

 

 

LA OSCURA PROFUNDIDAD DEL INFINITO

 

 

      En el cielo un tanto misterioso de estos bosques nocturnos, millones de lejanas estrellas se dibujaban como pequeñísimos puntitos brillantes, cuya luz rojiza, blanca, amarillenta, o a veces ligeramente azulada, casi no alcanzaba tampoco para iluminar el profundo abismo cósmico de la noche... y, mucho mas allá de las estrellas, solo parecía encontrarse la oscura y desconocida eternidad del infinito... 

      La extravagante forma de una de las escasísimas nubes en ese cielo lejano, eterno e infinito, empujada por  una suave brisa del norte,  se desplazaba muy lentamente y estaba a punto  de ocultar en su totalidad la débil y blanquecina imagen de aquella luna menguante...

      En ese paisaje sombrío y entre los árboles ennegrecidos por la oscuridad, bajo el manto misterioso de millones de  estrellas rojizas, blancas, azuladas o amarillentas , el zorro corría y se encontraba ya muy cerca de la "represa" con agua, donde el "croar" de algún sapo se entremezclaba con el lejano grito de las aves nocturnas y con los miles de voces y sonidos procedentes de otras muchas extrañas  entidades y seres de la noche...

 

 

OTRAS DOS SILENCIOSAS PRESENCIAS...

 

 

      Pero, además de los habitantes normales de dicho lugar, y aunque nadie lo supiera, había  igualmente allí otras dos  silenciosas presencias que caminaban no muy lejos de ese sitio, si bien es cierto que  a sus figuras también la noche las transformaba casi   en sombras... y parecían mimetizarse con la fantasmagórica negrura del paisaje, con la única excepción de sus ojos, que eran algo así como dos puntitos brillantes y distintos, en medio de la abismal oscuridad...

      Porque un poco mas "a la derecha", pero siguiendo una trayectoria que igualmente conducía hacia la "represa", avanzaba un sujeto de apariencia humana (o, quizás,... "semihumana", podría decirse), aunque bien podría haberse creído también, sin mayor dificultad, que se trataba de uno de esos  terroríficos demonios que moran en las tinieblas y que suelen adquirir a veces formas humanas o humanoides...

      Flaco, huesudo, largos cabellos negros sumamente despeinados,... El rostro era bastante oscuro (y un tanto arrugado), tenía  un lunar morado cerca del costado izquierdo de su frente,  y en su boca se dibujaba persistentemente una sonrisa cruel,  sonrisa que, por otra parte, si hubiera habido luz, habría permitido descubrir la amarillenta ausencia de algunos de sus dientes... Por otra parte, esa sonrisa cruel y de dientes ausentes, al igual que su cuerpo, parecían tener un ligero olor a alcohol viejo y de mala calidad...

       De sus ojos, solamente podría decirse que era "bizco" y que uno de estos parecía ser mas grande que el otro... Además la mirada de esos ojos inyectados en sangre, tenía una especie de luminosidad maligna, muy intensa, aunque ligeramente rojiza, perversa y siniestra, que recordaba a la mirada que suelen tener algunos criminales...

 

 

 

 

 

UNA BARBA RALA Y UN BIGOTE MAL AFEITADO...

 

 

      Una barba rala y desordenada y un bigote mal afeitado constituían igualmente parte de lo que podríamos denominar como una desagradable descripción de su rostro...

      Y el hombre, cuya edad debía ser una incógnita, ya que se trataba de esos tipos con "edad indefinible",... llevaba en su mano derecha una escopeta totalmente negra (o, por lo menos, se la veía totalmente negra en medio de la oscuridad), que tenía un notable y abundante olor a pólvora quemada, y su mano izquierda sostenía una pequeña soga de plástico blanco.

      Pero en nuestros bosques hay lugar para todo,... lo feo y lo lindo,... lo bueno y lo malo, lo bello y lo horrendo, lo divino y lo demoníaco,...

       Y tan es así que,... algo mas alejada (y totalmente distinta al anterior), otra persona se deslizaba por uno de esos senderos que atraviesan la vegetación,... aunque, por sus características personales y por encontrarse allí altas horas de la noche, su presencia resultaba casi inexplicable en ese lugar... y su fina y delicadísima belleza contrastaban notablemente con el ambiente semisalvaje en que se encontraba...

      Era una mujer rubia, de  ojos azules ligeramente verdosos, y cutis blanco con algunas diminutas pequitas en su rostro. Su mirada tenía una expresión inteligente, agradable, y hasta luminosa, se podría decir...

      Llevaba zapatillas blancas, un vaquero de jean azul y una remera roja cubriendo un cuerpo suave, bello y armonioso... Por su aspecto, uno le podría haber calculado una edad de veinticuatro o veinticinco años ... Y, aunque sumergida en ese fantasmagórico mundo de tinieblas,...  había un "no se qué", o "algo", en la expresión de ella, que le daba un cierto parecido con algunas de esas lejanas y antiquísimas diosas de la rica mitología griega, pero, al mismo tiempo, su aspecto temeroso recordaba también a un cervatillo asustado (o quizás a algún  pequeño felino asustado, podría decirse también)...

 

 

UNA MUJER RUBIA DE OJOS AZULES...

 

 

      Sin ninguna duda, tenía una apariencia demasiado suave, o talvez demasiado  dulce y bonita, que representaba un contraste absoluto  con el reino salvaje de la noche, cuando esta invade nuestros bosques... La chica, además, llevaba, en su mano derecha, un objeto que de lejos parecía ser como una cajita de color negro...

      Indudablemente la misteriosa mujer debía haber ido a ese lugar por algún motivo  desconocido, pero al mismo tiempo, por su forma de caminar y de ocultarse, era evidente le provocaba muchísimo miedo andar por la terrible oscuridad de esos montes a tan altas horas de la noche...

      Mas,... cual sería realmente el motivo que la llevó hasta ese sitio?...

      ¿Quien era, en fin, esa extraña chica rubia de ojos azules...  y porqué su solitaria presencia, con su jean también azul y su remera roja cubriendo un cuerpo bello y armonioso, en la profunda espesura del bosque, en horas de la medianoche?... y... ¿qué estaría buscando entre la misteriosa y enmarañada vegetación?...

      Lo cierto era que los tres (el zorro,... el hombre con la escopeta,... y la "rubia de ojos azules")... con una breve diferencia de tiempo, estaban a punto de llegar a la represa con agua, aunque cada uno de ellos por motivos distintos e ignorando la presencia de los demás...

      Y fue en ese momento, cuando, en el cielo, varias de esas nubes de formas extravagantes, ocultaron  la luna y la oscuridad se hizo total... Al ocurrir esto, el hombre con la escopeta, rodeado de tinieblas, no pudo hacer otra cosa que detenerse... La rubia cuyos ojos azules ya no podían ver nada, también se detuvo... Y solo el zorro, habituado a moverse en la oscuridad, siguió avanzando normalmente...

 

 

 

 

 

 

EL "HOMBRE DE LA ESCOPETA" APUNTÓ CONTRA EL.ANIMAL...

 

 

      Mas, pocos minutos después, la luna salió de nuevo y su débil luz volvió a proyectarse sobre los montes... y esta luz, a pesar de ser débil,  permitió que el hombre de la escopeta, desde unos cincuenta metros de distancia, viera, aunque borrosa, la silueta del zorro...

      El hombre levantó el arma y apuntó contra el animal... Mientras lo hacía, una sonrisa casi demoníaca se dibujaba en sus labios.

      El zorro, ignorando la presencia del hombre, llegó hasta la orilla del agua y comenzó a beber,... Justo en ese momento una lechuza gritaba a lo lejos...

      Pero, escondidos en la misteriosa profundidad de los matorrales,...  había dos ojos mas que miraban la escena; y eran azules, bellos y temerosos... Eran los asustados ojos de la chica...

 

 

EL ROSTRO DEMONÍACO DEL SUJETO...

 

 

      Ella recién lo vio al  hombre de la escopeta, justo cuando le estaba por apuntar al zorro,...con su  rostro repugnantemente demoníaco y el brillo rojizo de su mirada inyectada en sangre...

      Pero el sujeto aquel parecía no tener apuro en disparar y en un determinado momento, hasta desvió la mirada y dirigió justo sus ojos hacia donde ella se encontraba,... La mujer tuvo algo así como un ligero "temblor" de miedo, mas al cabo de unos instantes  pensó que era imposible que la viera, porque estaba bien oculta por las ramas y además la oscuridad la protegía...

      Y continuó escondida en los matorrales, espiándolos al hombre y al zorro...

      Quería salvarlo (al zorro) pero era imposible hacerlo sin delatar su presencia... Porque si el sujeto armado se percataba de que estaba allí,... hasta sería capa de matarla, o de violarla, o de secuestrarla y llevársela  quien sabe a donde, por la profunda espesura de la verde vegetación,... o vaya a saber que otra cosa podría hace con ella...  Porque, por lo menos, la apariencia del individuo daba mucho miedo...

      Después la mirada del hombre volvió a posarse sobre su arma y luego en el zorro... Apuntó nuevamente, mientras la misma sonrisa cruel de un rato antes retornaba a sus labios... Escupió un poco de saliva mezclada con tabaco... y luego disparó...

 

 

JUSTO A LA MEDIANOCHE,... UN GRITO FEMENINO EN MEDIO DEL MONTE...

 

 

      Cuando la chica rubia vio (o intuyó) que el dedo del sujeto iba a apretar el gatillo de la escopeta que apuntaba al zorro, su desesperación por evitar una muerte fue mayor que su propio miedo y lanzó un grito tratando de que el animal huyera, pero ya era tarde...

      El grito desesperado de la chica se escuchó por todo el monte, casi al mismo tiempo en que estampido del disparo resonaba con gran estruendo en la noche y el eco del mismo se propagaba velozmente entre los laberintos de la oscuridad... Y el cadáver del zorro quedó tirado en el suelo, casi junto al agua que había estado bebiendo, rodeado por un charco formado por su propia sangre...

       La sangre del zorro derramándose en la tierra y la figura inmóvil del animalito muerto para siempre, hicieron que la rubia, casi involuntariamente, olvidándose del peligro,  gritara nuevamente,... "¡ asesino,... asqueroso asesino !... y el eco nocturno reproducía la voz de la rubia entre los bosques y los matorrales...

      Luego, conciente de que había sido descubierta, la chica rápidamente hizo como si quisiera acomodar en alguna determinada posición la "cajita negra" que llevaba en su mano derecha y pareció como si accionara algún "botón" en alguna parte de dicha cajita, y casi en el mismo acto salió huyendo velozmente hacia el norte mientras los "chajá" gritaban a lo lejos   y la luna se volvía a ocultar nuevamente detrás de una de las pocas nubes que aun quedaban en el cielo tropical de Palo Santo...

 

 

 

NO DEBE SER UNA MUJER, SINO UN FANTASMA...

 

 

      El hombre de la escopeta, al escuchar el grito, lanzó una groserísima  maldición (totalmente irreproducible, por cierto), apuntó su arma hacia el lugar desde donde había provenido la desesperada voz femenina y escuchó el ruido de un cuerpo que huía entre la oscura vegetación, pero luego, él   también atemorizado, pensó que no debía tratarse de una mujer sino de la versión femenina de un fantasma, o de otro demonio, o de la "mala visión", o de alguna perversa entidad metafísica, de esas que hay a la medianoche en esos bosques misteriosos,... porque... ¿qué otro ser humano, salvo él, podría andar a esas horas por el monte?...

      Entonces, desorientado, sacó una "petaca" de su bolsillo e ingirió unos cuantos tragos mas de alcohol... A continuación caminó algunos metros hacia su izquierda, luego a la derecha, después anduvo unos minutos sin rumbo fijo, y luego se dirigió hacia el oeste, como si fuera hacia la "ruta 23" y allí, cerca de la "ruta" y desde el interior de un grupo de arbustos espinosos, sacó una "bicicleta" que había ocultado en ese sitio unas horas antes... 

      Un poco mas al sur y mas arriba, en la rama quebrada de un añoso algarrobo, un viejo buho de aspecto soñoliento contemplaba también la escena sin entender demasiado de la misma, aunque el brillo demoníaco de los ojos del hombre, el zorro muerto y el olor  a pólvora le inspiraban una especie de instintivo temor...

      Pero el "hombre de la escopeta" ya no estaría demasiado allí porque, después de escupir nuevamente un  poco de saliva sucia mezclada con tabaco, montó en la vieja bicicleta que había sacado de entre los matorrales, y se dirigió lentamente, también hacia el norte, como si fuera al Pueblo (hacia Palo Santo, mas precisamente)...

               

                                      

UNA BELLA CHICA QUE HUÍA DESESPERADAMENTE ENTRE LAS ESPINAS Y MATORRALES...

 

 

      Mientras tanto, después haber gritado y haber descubierto su presencia, la chica de ojos azules ligeramente verdosos, corría desesperadamente por los montes tratando de alejarse del "hombre de la escopeta" y de  llegar al Pueblo.  Algunos arbustos espinosos le iban rompiendo la ropa y le le lastimaban su rostro, sus brazos y su cuerpo, pero ella continuaba huyendo a mucha velocidad...

      Se sentía cansada y la atormentaba la sed, pero lo mismo había que continuar. No sabía aún si el "hombre de la escopeta", con su rostro demoníaco y su sonrisa cruel y sus ojos brillantes inyectados en sangre, se habría quedado allá, en el lugar donde mató al zorro, o, por el contrario, la estaría persiguiendo...

      Parecía un tipo terriblemente malo, se dijo ella misma,... Y, si la encontraba sola, en medio de la inmensidad de esos bosques, después de la que ella le había gritado a él cuando dio muerte al animal,... ¿no sería acaso capaz de matarla también a ella (igual que había muerto al zorro),  o de "secuestrarla", o de "descuartizarla" y después tirar sus restos bajo el barro de la represa, o talvez dejarla entre los matorrales para que a su cadáver lo  hagan desaparecer los cuervos?... Sin duda lo mas prudente era "tomar distancia", imaginó...

      Finalmente, después de mas de una hora de correr por los montes y matorrales, pensó que el "asesino del zorro" ya no la alcanzaría... y decidió continuar su regreso a Palo Santo saliendo de la espesura boscosa y transitando por la "ruta 23" (un polvoriento camino de tierra, totalmente vacío a esa hora)... Y cuando eso ocurrió, todavía traía en su mano derecha ese curioso objeto que en la oscuridad parecía ser algo así como una cajita negra...

 

 

LA FOTO DEL ZORRO MUERTO Y DEL "HOMBRE DE LA ESCOPETA"

 

 

      Casi en el mismo instante en que algunos gallos empezaban a cantar a lo lejos, ella, cansada y extenuada, comenzó a ver los primeros caseríos que rodean a Palo Santo ( "las orillas", como algunos les dicen aquí )... Y poco después, llegaba a una casa totalmente pintada de blanco, con puertas verdes y techo de zinc, donde la esperaban muy preocupadas una tía, su hermana y dos sobrinos, que hasta ese momento ignoraban porqué había demorado tanto en regresar...

      Porque la chica rubia, que no se domiciliaba en Palo Santo, sino que estaba visitando por unas semanas a unos familiares suyos que viven aquí, había salido de la casa (con una cámara fotográfica con infrarrojo) al anochecer del día anterior, para tratar de sacar algunas fotos de los animales nocturnos del bosque. Pensaba regresar en pocas horas, pero, después de varias tomas fotográficas, se entusiasmó y se fue alejando cada vez más hacia el sur.

      Finalmente, por pura casualidad y en medio de la oscuridad, se encontró con el "hombre de la escopeta" cuando estaba a punto de asesinar a un zorro. Fue cuando consiguió mantenerse oculta, sin que la vieran, y logró fotografiar al asesino y a su víctima. Pero en tal momento, no pudo contener un grito de horror (según lo que ella misma manifestaba después) y su grito la delató... Así que se vio obligada a huir rápidamente, entre matorrales, espinas y cardales, lastimada y con sus ropas rotas, pero le fue posible salvar su "cámara" y las fotos que había tomado con la misma...

      Un rato después, hizo bajar a través de una computadora, la foto del "hombre de la escopeta" y del animalito muerto...

                     

 

 

 

 

AL DÍA SIGUIENTE,... TAMBIÉN UN GRUPO DE NEGRÍSIMOS CUERVOS...

 

 

      También ese mismo día y después de salir el sol, junto a la "represa" que se encuentra en "la entrada vieja del campo del finado Caraícho Fernández" (siete kilómetros al sur de Palo Santo), un grupo de negrísimos cuervos devoraban el cadáver de un zorro muerto... y ya era poco lo que quedaba de él... Los ojos solo eran apenas profundos orificios vacíos ingresando en el interior del cráneo (ya que los cuervos los habían comido totalmente). La mayor parte de las vísceras también habían sido devoradas... y seguramente otros carroñeros y las larvas de las moscas harían lo demás...

      Ya no quedaba nada de lo que algunas horas atrás era un hermoso animal del bosque, de su fino hocico,... de la armonía de su cuerpo, cubierto por un hermoso pelaje gris un tanto rojizo, ni de su espesa cola, ni de esos ojos con una mirada astuta que expresaba mucha inteligencia, ni de  la agilidad de su andar, que le conferían al animal una salvaje belleza que se hacía aun mas salvaje y hermosa en ese misterioso paisaje de sombras y árboles retorcidos, y ramas parecidas a  gigantescas serpientes, ennegrecidos por la oscuridad y que constituyen el mundo de la noche...

      Porque el disparo de un criminal, o de un loco, o de un demonio, había terminado para siempre con él...

 

 

Y DEBAJO DE LA FOTO, ELLA COLOCÓ UNA LEYENDA QUE DECÍA "ESTA ES LA FOTO DE UN ZORRO QUE NO DEBÍA MORIR"...

 

 

      Un tiempo después, la fotografía del zorro muerto y de quien lo asesinó, había sido puesta en un "cuadro" (que se encontraba colgando en una de las  paredes del dormitorio que sus familiares le habían asignado a la chica, mientras ella los estuvo visitando aquí), con una leyenda en su parte inferior que decía: "esta es la foto de un zorro que no debía morir"... Algunas semanas mas tarde, la rubia se fue y la foto se fue con ella...  Creo que actualmente están a algo así como unos ochocientos kilómetros al sur de Palo Santo... Pero una vez tuve oportunidad de ver la foto... y de que me contara la historia...

      Y cuando miré la foto, no pude recordar la identidad del criminal, aunque me pareció que al  "hombre de la escopeta" en alguna otra oportunidad  lo he visto, pero no consigo memorizar donde, ni cuando, ni quien es...

      En cuanto al zorro muerto, solo se que es (o era) uno de los tantos animales del monte que son asesinados inútilmente por el sadismo y la crueldad humana...

      Y la chica?... Bueno, sí; de ella todavía me acuerdo,... Pero para qué dar su nombre, si hoy está a varios cientos de kilómetros de aquí...

      Mas, recordando a aquella chica rubia y bonita  que salía por el bosque a sacar fotografías de noche, y recordando asimismo la foto del zorro muerto y de su asesino, decidí ponerles  a esta nota y a este relato el  siguiente título: "REQUIEM PARA UN ZORRO QUE NO DEBÍA MORIR"...

PALO SANTO, octubre de 2,008.-

                                        Ramón M. Godoy

 

 

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