Relatos para la hora del tereré, en una siesta de verano... "LE DECÍAN LISI"... Imprimir
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Notas sobre Palo Santo
Relatos para la hora del tereré, en una siesta de verano...

LE DECÍAN “LISI”…


      Desde hace varios años,… el que suscribe suele ir todos los días (o día por medio) a un comercio, de aquí de Palo Santo, a una cuadra y media de la Plaza…

      Es en ese negocio donde compro habitualmente parte de la comida que comen mis cincuenta gatos… y también, de paso, compro algunos artículos de consumo personal…

      Y ...
cuando iba a ese lugar, solía atenderme una chica que trabajaba allí, a la que le decían “Lisi”…

      Siempre era muy atenta, muy cordial… y también muy hermosa…

      Pero lo que más me llamó la atención de ella, eran sus ojos y su sonrisa…

      Sus ojos,… que eran bonitos como dos mañanas juntas… y… le daban a uno la impresión de que toda la poesía de la primavera habitaba en luminosa mirada de los mismos…

      Y su sonrisa,… una sonrisa musical, transparente y cristalina,… una sonrisa que parecía irradiar una mágica y contagiosa alegría a su alrededor,… Algo así como si florecieran los lirios y anidaran los pájaros en algún lugar de su sonrisa…

      Pero, hace algo más de un año, cuando una de tantas veces concurrí al “mercadito”, noté que Lisi ya no estaba más,… al día siguiente tampoco…

      Todo parecía un poco más gris y un poco más oscuro que los días anteriores,… como si faltara algo, pensé yo…

      Entonces le pregunté por ella a otra empleada del lugar, y me contestó: “Ya no trabaja más aquí”…

      En los tiempos en que ella dejó de trabajar en ese negocio, yo nunca había llegado ni siquiera a conocer su nombre…

      Solo sabía que le decían Lisi, que vivía a una cuadra del lugar y que era la mamá de un chico que por aquel entonces estaba en quinto grado,… que sus ojos eran bonitos como dos mañanas juntas y que tenía una sonrisa musical, transparente y cristalina…

      Después, nunca tuve más noticias sobre ella,…

      Hasta que, cuatro días atrás, cuando fui al “mercadito”, Lisi estaba de nuevo detrás del mostrador, con sus ojos maravillosos y con la música de su sonrisa…

      Había vuelto de nuevo a trabajar en el mismo lugar y tras el mismo mostrador que cuando la vi por primera vez…

      Cosas que pasan…
 
Palo Santo, marzo de 2.012.


                                         Ramón M. Godoy
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