Y AQUELLA RUBIA TEÑIDA Y MISTERIOSA, EN LA NOCHE PALOSANTEÑA Imprimir
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A ALTAS HORAS DE LA

 NOCHE, EN UNA CALLE DE PALO SANTO...

 

 

     

 

      El siguiente relato se refiere a un hecho, o a un conjunto de hechos, absolutamente reales, aunque curiosos,… o, talvez, inexplicables

 

 

      Los personajes de la noche, en cualquier lugar del Mundo, siempre tienen algo o mucho de misterioso,... sobre todo en Palo Santo,... porque la noche, a los seres humanos, hombres o mujeres, nos transforma en sombras,... sombras oscuras e inidentificables,... sombras que se desplazan por ese mundo en que desaparecen los colores,... y en que las tinieblas envuelven por igual a los hombres, a las “poras” (una entidad metafísica de aquí), a las bestias, a los terroríficos lobizones y a toda esa  constelación formada por una amplia variedad de fantasmas, demonios y otros seres maléficos que abandonan sus metafísicas guaridas para apoderarse de las calles, plazas y otros lugares de nuestro Pueblo...

      En relación a esto, fue los otros días (o, mejor dicho,... las otras noches...), a altas horas de la noche, mientras una suave brisa del norte traía un leve olor a “bosta de vaca”... ( eran algo así como las tres y veinte de la madrugada),... cuando, por una de esas calles polvorientas de Palo Santo, en medio de la más absoluta soledad (porque a esa hora nuestras calles se encuentran total y absolutamente solitarias... y nadie transita por las mismas – con excepción de los perros, gatos y comadrejas-),... en esa noche oscura y sin luna,... apareció ella, (una mujer – o talvez un fantasma - ¿quién lo sabe?...), y cuando apareció, venía caminando desde el norte,...

      Caminaba muy lentamente, e iba con la cabeza un poco agachada (o, mejor dicho, muy agachada),... como mirando el suelo,... o quizás,... como buscando los rastros de alguna ilusión o algún recuerdo que se le había perdido entre los laberintos del tiempo...

      Parecía ser relativamente joven (debería tener entre veinte y treinta años), y era más bien alta y ligeramente delgada...

      Vestía un pantalón blanco, o, por lo menos, muy claro,... una camisa, o “blusa”,... o algo así,... que también era blanca o muy clara... y calzado de un color parecido...

      Esto nos recuerda una vieja creencia local, según la cual los “espíritus del más allá”, cuando en estas tierras se “aparecen” de noche, siempre lo hacen llevando ropas muy claras, o, sino, totalmente vestidos de blanco,...

      Su cabello, evidentemente “teñido” era de un color rubio (muy claro,... demasiado claro...) y formaba una melena  larga (y lisa), casi blanca, que contrastaba con la oscurísima negrura de la noche...

      De esa noche que, por otra parte, era una de las más negras y oscuras de los últimos tiempos...

 

 

UNA JAURÍA DE PERROS NOCTURNOS LA LADRABA INCESANTEMENTE, PERO ELLA NO PARECÍA ESCUCHARLOS

 

 

      Mientras caminaba, una jauría de perros nocturnos la ladraban permanentemente,... pero ella parecía ignorar a los perros (ni siquiera los miraba) y daba la impresión de que sus ladridos  no le inspiraban ningún temor,... y ni la molestaban siquiera...

      Continuaba caminando con mucha lentitud,...hasta que, unos treinta metros antes de la esquina, vaciló un poco y luego se detuvo totalmente... Entonces dejó de contemplar el suelo y comenzó a mirar hacia el oeste, después hacia el sur,... También hacia el norte  y... hacia todos lados...

      Pero sus miradas parecían tener cierta preferencia por el oeste,... más bien un poco hacia arriba,... como si mirara o buscara algo en “alguna estrella del cielo nocturno del oeste”...

 

 

PARADA EN LA OSCURIDAD

 

 

      Así estuvo como veinte minutos,...  parada en la oscuridad,... y rodeada por el interminable ladrido de los perros del trópico,... hasta que finalmente regresó un trecho,... por donde “había venido”...

      Pero su “camino de regreso” tampoco duró demasiado tiempo...

      En efecto,... casi al final de la cuadra, detuvo su andar, se puso de nuevo a mirar hacia todas las direcciones,... y, al cabo de un breve tiempo, volvió a caminar, pero este vez en el sentido inicial...

      Por  último se detuvo donde ya antes se había detenido, miró nuevamente hacia todos lados,… y, a continuación, volvió a caminar, despacio,... como sin apuro, como si no tuviera interés en llegar a ninguna parte,... y al encontrarse con la esquina,... dobló hacia el este, hacia la misma dirección en que se encuentra el Cementerio local,... siempre perseguida por el incesante ladrido de algo así como una docena de perros...

      Luego los perros se callaron... y una lechuza lanzó su grito a lo lejos,... mientras el gallo de algún vecino anunciaba la proximidad de la madrugada,... todo esto, teniendo como “música de fondo” el maullido de muchos gatos en celo,... y muy lejos,... demasiado lejos, el aullar salvaje de cientos de bichos del monte...

      Después, a los pocos minutos desde el momento en que pasó la “rubia teñida”,  comenzó a escucharse algo así como un extraño silbido, muy tenue y casi imperceptible...

      La jauría de perros del trópico comenzó a ladrar de nuevo...

 

 

 

UN MISTERIOSO AUTOMÓVIL ROJO

 

 

 

      Y un viejo automovil rojo, que bien podría haber sido alguna vez un Fíat l.500 (y que emitía el tenue silbido que mencionábamos), apareció, viniendo desde el norte, por la misma calle polvorienta en la que originalmente venía la “rubia”. Donde la “rubia había detenido transitoriamente su marcha, el automóvil también disminuyó aún más su velocidad, que ya anteriormente era bastante lenta...

      Y después dobló hacia el este, en la misma esquina en que había doblado la rubia,... casi como si la fuera siguiendo...

      El automóvil, que alguna vez pudo haber sido un Fíat l.500,... y que era manejado por un hombre,... o una sombra... (nadie lo sabe), cuando  alcanzó a la rubia teñida, detuvo su marcha y alguien (o algo) abrió la puerta. Simultáneamente, la rubia  también se detuvo y  subió al automóvil. A partir de ese instante, la misteriosa mujer, el automóvil rojo y la sombra que conducía el automóvil rojo, continuaron su marcha hacia la dirección  del horizonte donde suele salir el sol (y en la misma dirección a la que suelen llevarse los  muertos)...

      A la misma hora en que la rubia  vestida casi de blanco caminaba por una calle polvorienta de Palo Santo y subía después al viejo automóvil rojo,... mucho más al sur (unos siete kilómetros más al sur), un vehículo se detenía a la orilla de un “camino de tierra”. Del vehículo descendió un hombre. Se deslizaba silenciosamente, como con temor de que lo pudieran ver... y llevaba en sus manos una caja de cartón...

      Por sus movimientos silenciosos, alguien hubiera podido pensar que se trataba de un ladrón. Pero no lo era,  o, por lo menos, no robó nada...

      Caminó, con la caja de cartón en sus manos, hasta los matorrales de la “orilla”... y en ese lugar, entre los “matorrales”, dejó la caja en el suelo. Después caminó de nuevo, subió al vehículo y se alejó rápidamente, en silencio, sin que nadie lo viera, como se alejan los fantasmas...

      Solo quedó la caja en el suelo, una caja grande de cartón, atada con un hilo... y bastante humedecida por el rocío.

 

 

 UN COATÍ

 

 

Un coatí, que en la noche también parecía una simple sombra, recostado en las ramas de un árbol del bosque, observaba con curiosidad a la caja de cartón... y al hombre que se iba,... mientras extraños sonidos y movimientos  comenzaban a percibirse en el interior de la caja de cartón...

Un rato después, un tercer hombre, delgado y alto, pasó por los matorrales,... alcanzó a ver la borrosa figura de la caja y, con curiosidad, se agachó para averiguar de qué se trataba. Pero la oscuridad era muy intensa y apenas pudo palpar algo así como ocho pequeños animalitos que se movían en su interior.

“Parecen perros muy pequeños”, se dijo... ¡“cachorritos”!, agregó después... “¡pobrecitos!”, murmuró por último... y en sus labios se dibujó primero una mueca de tristeza... y después esa sonrisa “bonachona”, tan característica de nuestra gente de campo...

E intentó alzar la caja, pero ésta, muy humedecida por el rocío, se rompió. Entonces, de entre sus pertenencias, sacó una bolsa y puso en la misma a los pequeños cachorros... “Hay que salvarlos”, dijo... y continuó su camino, con la bolsa y los perros en sus manos...

Pero a los pocos metros, la oscuridad de la noche devoró su imagen y nadie sabe quién era ni a donde fue...

Mientras tanto, siete kilómetros más al norte, en la zona urbana de Palo Santo, la rubia teñida,... y el automóvil rojo,... y el hombre o la sombra que manejaba el auto rojo,... continuaban rumbo al este...

        Luego cruzaron el “paso a nivel” y, a juzgar por el desplazamiento de las luces del auto, siguieron marchando como si se dirigieran al Cementerio de Palo Santo...

 

 

Y EL HOMBRE QUE TOMABA MATE EN LA OSCURIDAD...

 

 

      La rubia teñida,... y el del auto,... creían que nadie los veía (o que nadie los había visto), pero en el patio de una casa vecina, otro “noctámbulo”, sentado en una vieja silla de algarrobo, tomaba mate en la oscuridad... y hasta parecía formar parte de la oscuridad…

      Y mucho mas arriba,... en la cornisa del viejo caserón, sin prestarle atención a lo que sucedía abajo, una paloma gris dormitaba en su nido...

      Cuando los perros comenzaron a ladrar,... el hombre que tomaba mate en la oscuridad, se levantó y contempló a la rubia,... desde lejos y amparándose en las tinieblas,... primero con cierta curiosidad, pero después con miedo,... sobre todo cuando la mujer ascendió al automóvil rojo... y la rubia, y el auto rojo y quién manejaba el auto rojo se dirigieron en dirección al Cementerio...

      Tanto miedo parecía tener, que hasta se persignó y rezó silenciosamente una oración para alejar los maleficios...

      Porque, según las creencias de estos lugares,... una rubia teñida, dirigiéndose a altas horas de la noche en dirección al Cementerio, irremediablemente significa desgracia...

      Pero, según los viejos lugareños, cuando uno observa a una rubia así, no hay que hablarla,... ni intentar acompañarla,... ni nada... Porque, si uno la habla... o la sigue, significa mucha más desgracia aún...

      Al menos, eso es lo que nos dijo una antigua vecina de Palo Santo, de origen paraguayo, que aparentemente conoce mucho de todas estas cosas...

      Una antigua vecina, cuyas palabras son muy valiosas, cuando uno intenta informarse sobre todas estas creencias y tradiciones palosanteñas...

 

 

Y AQUEL CARRO TIRADO POR CUATRO CABALLOS NEGROS...

 

 

      De todos modos, el hombre que tomaba mate en la oscuridad y que la había visto pasar a la rubia y al viejo automóvil rojo... y a la sombra que manejaba dicho automóvil, confiando en el “antídoto” de su “oración”, volvió a tranquilizarse y continuó sentado en su silla de algarrobo, con el mate en la mano...

      Más,... aunque él creía que ya todo había pasado, la realidad no era así...

      En efecto, pocos instantes después, los perros del trópico, con su característico ladrido,... volvieron a anunciar alguna nueva y extraña presencia...

      Y  viniendo también del norte, o sea de la misma dirección de la cual habían venido la rubia... y el auto rojo... y la sombra que conducía el auto rojo, apareció un misterioso carro negro (o talvez marrón muy oscuro), tirado por cuatro caballos también negros, llevando de tiro, en su parte posterior, un quinto caballo del mismo color... Lo conducía un hombre,... o una sombra... (¿quién lo sabe?) que, entre las tinieblas de la noche, igualmente parecía un simple objeto negro más...                                            

      El carro,... que avanzaba muy despacio, dobló por la misma esquina en que habían doblado la rubia y el auto y la sombra que lo conducía... Y lo hizo en la misma dirección... (hacia el este, como si fueran al Cementerio...).

      El hombre que tomaba mate en lo oscuro (y de cuya presencia nadie se enteró), volvió a persignarse y a rezar una breve oración,... como tratando de conjurar las desgracias que estos acontecimientos podrían anunciar...

      Finalmente, el hombre del mate se fue a dormir,... (mientras la paloma gris,... muy arriba, en la cornisa del viejo caserón,... continuaba también durmiendo,... sin haberse enterado de nada...) Y nadie supo más nada tampoco de  los misteriosos personajes (o sombras), que habían pasado a altas horas de la noche por aquella esquina... y por una de las tantas calles polvorientas de Palo Santo...

 

 

LOS MISTERIOS DE LA NOCHE PALOSANTEÑA

 

 

      ¿Quién o qué era aquella “rubia teñida” que caminaba mirando el suelo a las tres y veinte de la madrugada?...

      ¿Y de donde salió el misterioso automóvil rojo, que alguna vez parecía haber sido un Fiat 1.500?...

      ¿Y quién era el hombre (o la sombra) que lo conducía?...

      ¿Y de donde venía... o qué era realmente aquel extraño carro negro, movido por cuatro caballos también negros... y con un quinto caballo negro que levaban de tiro detrás del mismo?...

      ¿y... por qué pasó apenas unos segundos después del viejo automóvil rojo... y en su  misma dirección?...

      ¿Y quién era el hombre (o la sombra) que, siete kilómetros mas al sur, dejó en medio de los matorrales, una caja de cartón, con ocho perros pequeños en su interior?...

      ¿Y quién fue, asimismo, el hombre alto y delgado (una sombra más, entre tantas sombras), que, a las tres y veinte de la madrugada, recogió los cachorritos y se los llevó?...

      ¡Misterio,... y, asimismo, también, posiblemente, era un misterio aquella presencia que, a la madrugada y envuelto en la oscuridad, tomaba mate, sentado en una silla de algarrobo,... y que contempló todo desde las tinieblas...  persignándose cuando las circunstancias (o la casualidad) le hicieron ver a estos fantásticos e infaustos personajes?     

      ¡Cuantas cosas extrañas encierra la noche palosanteña... y que extraños resultan a veces los seres o entidades que se mueven o que habitan la misma!...

 

 

    

Comentarios (1)Add Comment
...
escrito por un invitado, abril 29, 2010
Desde un punto de vista literario, muy bueno. Desde un punto de vista como relato, resulta demasiado raro y extraño. Pero hay muchas cosas tan raras y extrañas como la que se relata aquí, que sin embargo son ciertas. Me gustaría conocer Palo Santo y si alguna vez puedo viajar a ese lugar, voy a salir una noche a las tres de la madrugada con una maquina de fotos, a ver si puedo fotografiar alguno de esos fantasmas o lo que fuere. Sería estupendo ir a los diarios de Buenos Aires con la fotografía de un fantasma palosanteño. Un abrazo y sigan firmes en la lucha. F.M.Y.

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