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UN “HOMO SAPIENS” NO TAN “SAPIENS”… ¿CARNÍVORO?... ¿CARROÑERO?... ¿VEGETARIANO?... Imprimir E-mail
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UN “HOMO SAPIENS” NO TAN “SAPIENS”… ¿CARNÍVORO?... ¿CARROÑERO?... ¿VEGETARIANO?...

 

      Sobre el tema referido a “si los seres humanos estamos diseñados o no por la Naturaleza para comer carne” y también sobre “si es ético el consumo de carne por parte de los humanos”, se ha escrito y discutido  mucho…

      Días pasados leí  en Facebook una  nota publicada por  “Animales de la Madre Tierra” en la que se sostiene que “el hombre no es carnívoro”, y, en el momento de mi lectura, ya había más de 116 comentarios y asimismo el texto de la publicación ya había sido compartido más de 60 veces.

    Y hay muchas publicaciones más, con un contenido más o menos parecido, que originan amplísimos debates y que son compartidas por una gran cantidad de navegantes…

      El que suscribe también, a pesar de no ser un experto en la materia, quisiera hacer algunas modestas reflexiones al respecto.

 

 

 

El hombre,… ¿un carnívoro tardío?

 

 

 

      En primer lugar, me parece indudable que la especie humana en sus orígenes (así como los antepasados inmediatos de la especie humana) NO FUERON FUNDAMENTALMENTE CARNÍVOROS, sino que la dieta de estos antepasados humanos, al igual que la de sus parientes más cercanos (los bonobos, los gorilas - cuyo ADN actual es idéntico al nuestro en un 98% -  y chimpancés  – también la del orangután -) se encontraba más bien basada en la ingestión de frutas, hojas, brotes y algunos insectos  y también de huevos – aunque estos últimos solo representan entre un uno y un dos por ciento de dicha dieta -.

      Recién hace unos pocos cientos miles de años, tiempo que en los términos de la evolución biológica resulta algo muy breve, los humanos habrían comenzado a cazar y habrían adoptado la carne animal como parte fundamental de su alimentación, por todo lo cual podríamos considerar al hombre moderno como “un carnívoro tardío” (o muy reciente) que aún no ha conseguido adaptar su anatomía, fisiología y psiquismo a esta nueva condición de “animal carnicero”.

      Pero solamente la palabra “carnívoro” no sería tampoco la más precisa para designar al hombre moderno, ya que los hábitos actuales del “homo sapiens” lo incluirían también en la condición de “animal carroñero”, si bien esta inclusión estaría referida solamente a sus hábitos (como lo dije previamente) y no a  su anatomía, fisiología y psiquismo.

       Si tenemos en cuenta que, una vez muerto cualquier animal destinado al consumo, su cuerpo  comienza casi inmediatamente a descomponerse (aunque, por supuesto, el grado de descomposición varía en relación al tiempo posterior a la muerte de la presa, así como a la temperatura, humedad y otras condiciones ambientales),  solo a las tribus cazadoras del Kalahari y de algunos otros pocos lugares del mundo, que persiguen ellos mismos a una presa, la matan y la devoran en el mismo acto, los podríamos calificar, en el término estricto, como “carnívoros no carroñeros. Pero este no es el caso del hombre civilizado…

      Porque en el caso del “hombre civilizado”, a diferencia de los cazadores primitivos, los alimentos de origen cárnico se mantienen “conservados” durante cierto (a veces mucho) tiempo, desde la muerte del animal hasta la ingestión, tiempo en que en mayor o menor medida se produce siempre algún grado de descomposición.

 

 

Condiciones antinaturales, stress, hacinamiento, horrendas crueldades, hormonas, productos químicos diversos, determinan que su carne sea muy distinta a las de las presas capturadas en su ambiente natural…

 

 

      Pero mucho más notable que lo anterior, es el hecho de que la carne ingerida por la inmensa mayoría de los humanos, generalmente es obtenida a través de métodos “no naturales” (y muy frecuentemente altamente antinaturales) tanto en la alimentación del animal destinado al sacrificio, como en la crianza del mismo, sustancias artificiales que se le suministran, condiciones ambientales, de encierro e inhumana cautividad y de stress a que se lo somete durante toda su vida, etc.

      Esto hace que la carne de los mismos sea muy distinta a la de la presa salvaje que captura y mata cualquiera de los carnívoros de la tierra en su medioambiente original.

      Por otra parte y refiriéndome a mis expresiones anteriores cuando decía que “el hombre es un carnívoro (o un carroñero) tardío”, esto explica por qué nuestra especie  no comparte ni anatómica, ni fisiológica, ni psicológicamente las características de los carnívoros ni de los carroñeros de la tierra, algo que, por otra parte, me parece indudable.

      En efecto,  aun prescindiendo de que nuestra anatomía, nuestro aparato digestivo y también  nuestra psiquis son muy distintas a los de los carnívoros, si alguno de nosotros intenta matar un animal con sus propios dientes y uñas, y luego destrozarlo y devorarlo crudo de la misma manera, muy probablemente, aunque esté acosado por el hambre, va a fracasar en su objetivo. ¿Puede haber una demostración más clara que ésta para poner en evidencia nuestra condición de “no carnívoros” o de “carnívoros tardíos”?

 

 

 

Muchos millones de personas parecen demostrar que, desde un punto de vista estrictamente biológico, es totalmente posible vivir sin comer carne

 

 

 

      Del mismo modo y refiriéndome a la supuesta “imprescindible necesidad” del consumo de carne para una vida y una salud plena de los humanos, me parece que quienes sostienen esta “imprescindible necesidad” no se ajustan a la realidad… Y esto queda comprobado por la existencia de muchos millones de personas que, en el mundo actual, prescinden de la carne como alimento y a pesar de ello gozan de una excelente salud y consiguen una notable longevidad.

      En mi caso personal, he conocido y conozco a varias personas totalmente vegetarianas que después de muchos años de alimentarse de esta manera tienen buena salud y un excelente estado físico. E igualmente he conocido a otros que, después de adoptar gradualmente una dieta vegetal, observaban que su salud mejoraba notablemente.

      Lo que sí parece importante destacar es que, en el caso de una persona adulta que durante toda su vida ha tenido la carne como parte de su alimentación, para pasar a una dieta vegetariana, le resulta necesario hacer este reemplazo de alimentos en forma gradual, hasta que, al cabo de algunos meses, elimine la carne en forma total de su dieta.

      Otra de las dificultades con que se encuentran muchos humanos que quisieran adoptar una dieta vegetal consiste en que para reemplazar satisfactoriamente la carne se requiere una notable variedad de otros alimentos  que en muchos lugares resulta un tanto dificultoso conseguir, o por lo menos, que es menos fácil de conseguir que la carne animal.

      Pero desde un punto de vista estrictamente biológico, me da la impresión de que es totalmente posible vivir sin comer carne y que además esta dieta “no cárnica” puede incidir positivamente en nuestra salud y calidad de vida.

 

 

 

El hombre no solamente se ha ido alejando él mismo del orden natural establecido por Dios y la Creación, sino que también ha modificado terriblemente las condiciones de vida y las características mismas de los seres vivos que lo rodean

 

 

 

      De todos modos, aun suponiendo que esto no fuera así y que, como sostienen algunos,  nuestra especie humana realmente fuera “carnívora” (algo que no parece totalmente cierto), pienso que la humanidad debería replantearse seriamente los métodos, técnicas y procedimientos que se utilizan en la actualidad para la “producción de carne”, como así también los que se utilizan  para obtener otros productos de origen animal.

      Criaderos (o, mejor dicho, “fábricas de aves”) donde dichas   aves se encuentran hacinadas, sin la más mínima libertad de movimiento, prisioneras en lugares donde conviven varias aves por metro cuadrado de jaula, sometidos cruelmente a un estado de altísimo y permanente stress, con una alimentación totalmente artificial, con una total y absoluta represión sexual, muchas veces con su picos cortados, sin haber conocido en toda su vida un solo minuto de libertad y a veces hasta en condiciones de iluminación totalmente artificiales,…

      Pollitos que son asesinados, triturados, abandonados vivos en contenedores o en bolsas y mueren aplastados, asfixiados y por los golpes que reciben al momento de vaciarlos en esos contenedores,...

      Cerdos que nacen, viven y “procrean” (si se lo quiere llamar así), hacinados en “criaderos” que son verdaderos lugares infernales de tortura,…

 

 

 

Vacas caníbales…

 

 

 

      Y lo mismo sucede con otras muchas especies animales en los “criaderos fábrica” modernos, donde se los hacina en espacios increíblemente reducidos, donde sufren permanentemente desde que nacen hasta que mueren, donde los hijos son arrancados de sus madres,… donde a veces  los animales que allí “viven” ni siquiera llegan a conocer la luz del sol,…

      Vacas a las que se les impone el “canibalismo” (alimentándolas con productos balanceados elaborados con “harina de carne” de las propias vacas,…

      Caballos que son llevados al “frigorífico” hacinados en “camiones jaula” donde a veces caen durante el “viaje hacia la muerte” y son aplastados por sus propios compañeros de infortunio,… etc., etc., etc…

      Sin duda nuestra “civilización”  expresa  un increíble un grado de barbarie y crueldad en el manejo de los animales destinados  al consumo humano, o a la obtención de otros productos derivados de los mismos,…

      Y para que todo esto cambie, se necesitaría una profunda transformación ética y moral en nuestra especie humana…

 

 

          

Alimentación, densidad poblacional, crecimiento demográfico,… presión humana sobre ambientes naturales, etc.

 

 

 

      Y en lo que se refiere al abandono de los “hábitos carnívoros”  que tiene actualmente parte de gran parte de la especie humana, soy de opinión de que un proceso de estas características requeriría necesariamente mucho tiempo, tal vez generaciones, ya que hay (y se nos ha ido ejerciendo) una presión cultural muy grande  tendiente a imponernos tales hábitos, pero aparte de esto, existen asimismo enormes intereses económicos, con tentáculos poderosísimos, detrás de la producción de carne y sus derivados.

      De todas maneras, sería importante recordar que, paralelamente a estas conductas por parte de nuestra “civilización” que someten a muchas especies animales cárnicas (y a otras de utilidad económica) a condiciones antinaturales de vida, a crueldades aberrantes  y a miles de indescriptibles torturas y sufrimientos,… paralelamente a esto hemos sido los causantes igualmente, fundamentalmente en el último siglo, de este verdadero “apocalipsis animal” y de la vida silvestre, que se produce actualmente en nuestro planeta.

      En efecto, la mayor parte de los ambientes naturales de la Tierra han sido destruidos y con ello (por la pérdida de su hábitat)  hemos provocado la muerte de miles de millones de animales salvajes y la desaparición total y definitiva de numerosas especies…

 

 

 

Desmontes,… mineras,… soja,… veneno…

 

 

 

      Para corroborar esto y para citar un solo ejemplo, basta observar los criminales desmontes que, para destinar esas tierras al cultivo de soja, se realizaron y realizan sobre centenares de miles o millones de hectáreas de bosques (y los incendios posteriores) y los millones de bestias salvajes que, con sus crías incluidas, mueren asesinadas, aplastadas o quemadas vivas en este verdadero genocidio ambiental… O el envenenamiento de nuestros ríos, lagos y mares,… O las gigantescas presas hidroeléctricas que modifican fatalmente los ecosistemas amazónicos,… O las mineras que envenenan los glaciares del mundo y los ríos y hasta las napas subterráneas…

      Y todo indica que el crecimiento demográfico del homo sapiens, aunque nos transformáramos en vegetarianos, determinará necesariamente una mayor presión humana sobre los pocos ambientes naturales que aún quedan y por consiguiente, la muerte, el dolor y el catastrófico exterminio de animales silvestres se incrementará cada vez más. Pero, a su vez, esta profunda y patológica alteración de todo el  contexto viviente de la Tierra y de la relación natural entre las distintas especies terminará también, en un plazo no muy lejano, con el hombre mismo.   

      Me parece, en fin, que una relación NATURAL y armoniosa entre el hombre y el resto de las especies animales de nuestro mundo, depende no solamente de nuestra conducta alimentaria, sino también asimismo de muchos otros aspectos más, culturales, sociales, económicos, demográficos, etc.

Palo Santo, julio de 2.012.

 

                                                   Ramón Godoy 
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