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CAZADORES, ALIMENTOS, PREDADORES, PRESAS, EXTINCIONES... Imprimir E-mail
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       Días pasados, alguien, refiriéndose a los “cazadores”  (casi todos furtivos) que solemos ver en Palo Santo, me dijo “si un cazador caza para comer, eso está bien”…

      Y, con respecto a esta afirmación, me parece que  se trata de un tema bastante interesante y que da para muchas reflexiones… Pero para abordar un análisis serio de lo anterior, según mi modesta opinión, deberíamos partir, desde algunos principios fundamentales de la biología (la ciencia que estudia a los seres vivos en general).

       Y serían, por lo menos  los siguientes:    

         1·) En todas las especies vivientes, si el número de individuos que nace supera al número de los que mueren, la población de la especie aumenta; Si el número de los individuos que nacen es igual a los que mueren, la población se mantiene estable; Y si los individuos que mueren son más numerosos que los que nacen, la población de la especie disminuye y, en caso de continuar esta disminución, en un determinado tiempo, la especie DESAPARECE TOTALMENTE Y PARA SIEMPRE. A lo anterior deberíamos agregarle que, si la población de una especie es demasiado escasa, la limitada diversidad genética puede provocar también su desaparición.      

       2·) En cualquier ecosistema terrestre  (y en la totalidad de nuestro planeta) existen lo que se llama  “las cadenas tróficas”  (unas especies se alimentan de otras y éstas, a su vez, de terceras, etc. etc., etc… y en estas “cadenas tróficas” los que devoran se llaman “predadores” y los que son devorados se llaman “presas”) y para que el ecosistema y la cadena trófica se mantenga a través del tiempo, es necesario que el número de individuos de las especies que son “presas” sea muy superior al número de los predadores y que el número de presas que matan los predadores, sumado al de las que mueren por otras causas, sea por lo menos igual al número total de presas que nacen.      

       Pero, por otra parte, deberíamos recordar que "en todo animal (incluido el hombre), el HAMBRE es uno de los instintos biológicos fundamentales... y, cuando un individuo se encuentra acorralado por el hambre, apela a cualquier cosa para comer. El hambre genera en todo animal (y en el humano)  impulsos casi irresistibles en los que prima lo inmediato, desplazando a un segundo plano todo lo que carezca de inmediatez. Y lo inmediato para cualquier ser hambriento es comer…      

      Y, si a continuación nos referimos a la especie humana (que en un primer momento de su evolución parece no haber sido carnívora, sino más bien frugívora y ovívora… y se habría transformado en carnívora recién hace apenas unos pocos cientos de miles de años, por lo que puede considerárselo al hombre como “un carnívoro tardío”), nos encontramos con que, a partir del momento en que  este “homo sapiens” se hizo carnívoro, podemos considerarlo como un “predador”  de otros animales y, por lo tanto, para que, como predador, pueda desarrollarse armoniosamente con el  ecosistema, el número de individuos de la especie “homo sapiens” debería ser, necesariamente, enormemente  inferior al de sus presas… o, dicho en otras palabras, la densidad humana en relación a la superficie  territorial habitada, debería ser muy baja (asimismo, el número de presas que el hombre mata, sumado al de las que mueren por otras causas, debería ser por lo menos igual al de las que nacen)…      

       Y, en efecto, esto parece haber ocurrido así hasta algunos miles de años antes de la era cristiana. Por aquellos tiempos, la población humana total de la tierra no debe haber superado la cifra de cinco millones de habitantes, mientras que la superficie territorial de nuestro planeta era (y lo sigue siendo hoy) de más de ciento treinta millones de kilómetros cuadrados, superficie prácticamente virgen, desde el punto de vista de la vegetación y la fauna…      

      La enorme cantidad de frutos vegetales y de presas animales que la tierra le ofrecía al hombre, permitía que este, mediante una actividad como simple cazador – recolector y sin necesidad de realizar otro tipo de tareas, pudiera satisfacer sus necesidades alimentarias sin mayores dificultados. Pero en pocos miles de años más la población humana ya se había multiplicado notablemente y después esta continuó creciendo en progresión geométrica…      

       En el año 1.800 ya era de casi 1.000 millones de habitantes, en el año 1.927 eran 2.000 millones, en 1.974 sumábamos 4.000 millones y actualmente estamos llegando a los siete mil millones.      

       Paralelamente la densidad poblacional de las “presas” silvestres (como consecuencia de la presión humana) ha ido decreciendo aceleradamente, a tal punto que muchas especies ya han desaparecido totalmente de la faz de la tierra y otras están en camino de desaparecer.      

      Para la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro planeta, la posibilidad de vivir, de manera sustentable, a partir de una economía cazadora y recolectora HA DESAPARECIDO TOTALMENTE. Para la casi totalidad de la humanidad actual, la UNICA POSIBILIDAD de vivir o sobrevivir es PRODUCIENDO LOS ALIMENTOS QUE SE CONSUMEN.      

      Lo que no se ajuste a este principio, determina que continúen desapareciendo especies consideradas “presas”, lo cual a su vez generará desequilibrios ambientales tales que concluirán haciendo desaparecer igualmente a una especie predadora más, LA HUMANA.      

       En virtud de todo lo anterior ¿está bien, o estaría bien, que cada uno de nosotros saliera a “cazar para comer”? Y, en tal caso, cuanto durarían las “presas” y en cuanto tiempo desaparecerían totalmente? Y, si desparecieran todas las especies silvestres que pueden considerarse “presas de los humanos”, cuáles serían los  desequilibrios ambientales provocados y cuánto tiempo sobreviviría el hombre a tal desaparición?...       

      Pero, paralelamente a lo anterior, si un individuo no tiene comida para alimentarse ¿Quién lo puede detener en sus impulsos instintivos fundamentales que lo llevan a “buscar qué comer de cualquier forma y a cualquier precio”…      

       Más, una última reflexión: (la casi totalidad (si no es la totalidad absoluta) de quienes en la actualidad son “cazadores” aquí en Palo Santo, está representada por individuos que  sí tienen un ingreso económico mínimo como para vivir de otra manera.

Palo Santo, octubre de 2.011                                        

 

                                                             Ramón M. Godoy

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