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LIBIA:SANGRE, MUERTE Y FUEGO EN EL DESIERTO Imprimir E-mail
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 LIBIA:  FUEGO Y SANGRE EN EL DESIERTO        

       Libia es una país ubicado al norte de Africa, sobre la costa norte del Mar Mediterráneo, con una superficie de 1.759.540 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente  de 6.540.000  habitantes.

      Su territorio, con la única excepción de la franja costera  litoral marítima, es totalmente desértico (forma parte del inmenso Desierto del Sahara). Allí  esta enorme superficie está constituida en un 20% por grandes dunas (erg) y el resto por....

   formaciones rocosas, entre las que se destacan los montes Tibesti y el Uweinat.       

       También se encuentran en el suelo libio extensas depresiones salinas y algunos oasis que contrastan con la casi ilimitada aridez del resto.     

       Pero bajo estas enormes superficies totalmente áridas, existen en el subsuelo inmensos depósitos de agua subterránea (generalmente agua fósil) que poseen cientos de miles de kilómetros cuadrados de extensión (esta “agua fósil” proviene de la época en que el actual Sahara era un territorio con un clima lluvioso). Su flora y su fauna actual son las típicas del desierto…

 

 Año 1.969: La Revolución del Coronel Gadhafi      

 

      En cuanto a la población humana, ya unos ochocientos años antes de Cristo, los fenicios conocían Libia y hasta se establecieron en esa región. También pasaron por allí los griegos y los romanos, pero la mayoría de la población actual desciende de los árabes, que la conquistaron hace unos mil años…    

       Durante la Segunda Guerra Mundial, Libia fue primeramente colonia italiana (en realidad ya había sido colonia italiana desde 1911 hasta 1943) y luego terminó ocupada por los franceses e ingleses…    

      Hasta la década del cincuenta, del pasado siglo, la economía tradicional estaba en manos de pastores nómades, pero a partir del descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo, esta economía cambió fundamentalmente y el país adquirió un importante valor estratégico para los grandes centros de poder que se disputan el mundo.       

       En 1.951, unos años después de finalizada la segunda guerra mundial,… se declaró la independencia política (aunque no se produjo ningún tipo de independencia económica) de Libia y se estableció una monarquía encabezada por el rey Idris, claramente “prooccidental” y con una economía también totalmente dependiente y controlada por las potencias occidentales…     

       Pero con posterioridad, en casi todo el mundo árabe  (tanto en Asia como en África) comenzó a extenderse la influencia política e ideológica de la llamada “revolución nasserista” de Egipto, socialista y panarabista. Y así, siguiendo el ejemplo de lo realizado por Nasser en Egipto,  en Libia, en el año 1.969, un golpe militar protagonizado por oficiales jóvenes derroca al rey Idris e instaura en el poder un “Consejo Revolucionario” dirigido por el Coronel Muammar Gadhafi. 

 

Petróleo   

   

      No mucho tiempo más tarde, Libia da comienzo a un proceso de nacionalizaciones y, fundamentalmente, nacionaliza el petróleo, quitándole a las multinacionales que operaban en el país la posibilidad de continuar saqueando las enormes riquezas de su subsuelo…     

      Es digno de destacar que Libia ocupa la 10ma. posición en cuanto a  las reservas de petróleo del mundo y cuenta asimismo con enormes cantidades de gas natural.     

      El gobierno revolucionario dispuso y produjo enormes cambios en todos los órdenes y los inmensos recursos generados por esta nueva economía fueron destinados al desarrollo y mejora de la vida de toda la población.     

      En 1973, Gadhafi publica el llamado “Libro Verde”, en el que distanciándose del capitalismo y del marxismo, trata de buscar un camino nuevo para realizar su propia revolución socialista. Se redistribuye la tierra, se establecen aportes del Estado para todas las familias, se crea un sistema de asistencia sanitaria y social gratuita para todos los ciudadanos. Y se instaura el Yamahiriya (Estado de masas) Árabe Popular y Socialista.     

      Lo cierto es que en los primeros cinco años del gobierno de Gadhafi, Libia pasó, de ser uno de los países más pobres, a ser la nación con la esperanza más alta de vida del África continental (un promedio de longevidad de 77,6 años), con el PIB nominal per cápita más alto de África, con uno de los poderes adquisitivos más altos del continente y con el primer puesto en lo que se refiere a índice de desarrollo humano de ese continente...     

      Pero al mismo tiempo, desde Libia se comenzó a brindar apoyo a militantes políticos radicalizados de otros países del mundo árabe y de otros lugares de la Tierra…      

      Todo lo anterior le ganó al Coronel Gadhafi la enemistad de las principales potencias económicas y militares del norte, que siempre tuvieron como objetivo la dominación política y económica del resto del planeta, y consideraron que Gadhafi eran un “obstáculo” para sus planes… Era, en fin,  “un enemigo que, de cualquier forma y por cualquier método, hay que erradicar”… 

 

Cuando aviones norteamericanos bombardearon la residencia presidencial (Libia)    

  

 

      Y lo anterior ocurría  y ocurre en un mundo en que es casi internacionalmente aceptado que los países del norte pueden intervenir, hasta militarmente, en los asuntos internos de los países del sur, pero a los países del sur les está totalmente vedado intervenir en los asuntos internos de los países del norte,…      

      Todo lo precedente significó que los Estados Unidos, unilateralmente y sin declaración de guerra alguna, pudieran hasta bombardear la residencia del Presidente de Libia (en uno de los bombardeos fue asesinada hasta una hija de Gadhafi), con el silencio del resto de gobiernos de países del norte y sin que la ONU protestara por el terrorismo del gobierno estadounidense. 

 

La llamada “Primavera Árabe.

      

      A todo esto, entre octubre de 2.010 y los primeros meses del 2.011, en el mundo árabe comienzan, casi sorpresivamente, a producirse movilizaciones populares tendientes a obtener modificaciones institucionales en varios países de la región y hasta en algunos casos intentan deponer  regímenes y gobernantes tradicionales.        

      En un área de nuestro planeta en que son muy comunes y frecuentes los gobiernos con ciertos componentes de “autoritarismo”, estas movilizaciones levantan como bandera, por lo general, una mayor “democratización” de sus respectivos países.      

      En algunos estados, como Egipto, por ejemplo, se trató de enormes multitudes que salieron a la calle y, con una enorme presencia y apoyo popular, consiguieron la renuncia del Jefe de Estado y cambios políticos significativos.     

      Otro tanto ocurría en Túnez, donde logran la caída del gobierno, y en Yemen fue desplazado el Presidente de dicho país…      En Jordania consiguen la caída del Primer Ministro.     

      En otros países, como Irán, las protestas fueron muy débiles y terminaron extinguiéndose con el tiempo. En Siria (otro caso muy especial) en el presente las movilizaciones y protestas continúan y son reprimidas a veces violentamente hasta en algunos casos por las propias fuerzas armadas, pero el gobierno sirio del Presidente Assad parece disponer de mucha estabilidad y cuenta con el férreo respaldo de las Fuerzas Armadas…     

      A este conjunto de protestas y movilizaciones en varios países del mundo islámico, muchos analistas lo denominan “la primavera árabe”… 

 

La tarea secreta de los servicios secretos…   

  

 

      Pero, tratándose de una región muy sensible y de gran interés estratégico para las grandes potencias, sería ingenuo creer que todo lo anterior no fue seguido con sumo interés y preocupación por parte de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia… y también por parte de Rusia y China, Y  también sería ingenuo creer que no hubo una presencia muy fuerte de los servicios secretos de algunas de esas potencias en el desarrollo de tales acontecimientos…        

      Con respecto a la primera de las potencias nombradas (Estados Unidos), sería interesante recordar algunos conceptos muy ciertos de Michael Klare cuando dice: “Una estrategia de dos vías gobierna la política de Estados Unidos hacia buena parte del planeta. Un brazo de esa estrategia es asegurarse más petróleo del resto del mundo; el otro es refinar la capacidad de intervenir. Mientras que uno de esos objetivos surge de preocupaciones energéticas y el otro de aspectos de seguridad, resulta una dirección única: la dominación estadounidense en el siglo XXI”.      

      Y el mundo árabe es una región sumamente rica en petróleo.  

 

 Y en Libia

      

      Y también en Libia, en enero de 2.011 comienza una serie de protestas en diversos lugares de ese país, pero fundamentalmente en Bengasi (por rara – o no muy rara- coincidencia, zona petrolera) y hubo violentos choques entre los manifestantes y los seguidores del gobierno libio y la policía, que dejaron inclusive numerosos muertos.      

       A partir de esto, grupos estudiantiles, tribus disidentes, algunos militares que hasta no mucho tiempo atrás formaron parte del gobierno de Gadhafi,  aventureros y hasta criminales de los más variados colores y matices, con un fuerte e indisimulado apoyo de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otras potencias occidentales (cuyos servicios de inteligecia ya habían tenido fuerte participación en la planificación de las movilizaciones anteriormente mencionadas) inician una “rebelión armada” contra el gobierno libio.     

      A continuación, Estados Unidos, invocando la necesidad de “intervenir para proteger a la población civil de ese país africano”, comenzó a presionar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para que “diera luz verde”  y aprobación a una intervención militar en Libia, que fuese más allá de la imposición de la zona de exclusión aérea planteada originalmente por Francia y Gran Bretaña, El gobierno estadounidense, con la abstención de Rusia y China, obtuvo la “aprobación” para realizar esa intervención bélica. Cuando esto ocurrió, el presidente norteamericano y el canciller de Francia reconocieron  abiertamente que el objetivo de la intervención militar era lograr que los rebeldes tuvieran y conservaran el control de la provincia (petrolera) de Benghazi. 

 

Comienzan los bombardeos masivos contra Libia   

   

       Mientras tanto, los opositores al régimen libio, con armas que también habían sido suministradas por los países occidentales (y apoyados desde el comienzo por los servicios de inteligencia de tales países), habían logrado tomar y controlar algunos pueblos y ciudades del interior. Y simultáneamente comenzaba la intervención armada masiva de la OTAN contra el gobierno de Gadhafi.     

      Ya no se trataba, como en el pasado, solamente de “aviones norteamericanos que bombardeaban Libia”, sino que se había desencadenado una intervención militar masiva, en gran escala y perfectamente coordinada de las Fuerzas de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), con la participación de países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, etc.      

       Se trataba ahora de una gigantesca operación bélica perfectamente planificada. Y desde entonces, desde hace más de cuatro meses, los bombarderos de la OTAN permanentemente arrojan su carga de fuego, muerte y destrucción contra los libios, sus ciudades, pueblos y sitios diversos, y este “infierno de sangre y fuego” tiene como objetivo derrocar a sus legítimas autoridades e instalar en el poder a un “gobierno títere” que responda a los intereses económicos y políticos de las potencias atacantes.     

      Este “gobierno títere” que se pretende instalar en Libia ya ha sido designado y establecido como una suerte de “gobierno paralelo” y aun hasta ha sido oficialmente reconocido por las potencias atacantes, aunque ni siquiera controla la mayor parte del territorio nacional. 

 

Atacan a Libia “por razones mucho más prácticas”…

      

       Paralelamente, el presidente Obama reconoce públicamente que el motivo fundamental de la intervención norteamericana y de la OTAN en libia no es la democracia ni supuestas violaciones a los derechos humanos, sino “razones mucho más prácticas” (léase petróleo)…      

       Luego (y como para que no quedara duda sobre la directa intervención externa en el conflicto del país africano) son los aviones extranjeros de la OTAN los que, durante todos estos últimos meses, apoyan desde el aire a los insurgentes y bombardeaban las instalaciones y posiciones militares del gobierno, así como también blancos no militares y de uso civil, dejando miles de muertos …

 

 Grandes imperios que aún no pueden derrotar a una nación de 7.500.000 habitantes

     

 

 

      Mas, a pesar de la agresión militar en gran escala desarrollada por varias de las principales potencias del Mundo, el gobierno dirigido por el Coronel Gadhafi todavía no ha podido ser derrocado y además aparece como improbable su derrocamiento, por lo menos en un futuro próximo.     

      ¿Cómo se explica que los imperios militares más poderosos de la Tierra no han podido derrotar todavía con sus bombarderos a una Nación de solo 6.500.000 habitantes, ubicada en las áridas extensiones del desierto africano del Sahara?     

       Todo indica, en fin, que el respaldo popular que en Libia tiene el Coronel Gadhafi debe ser todavía muy alto, porque, de otra manera, resultaría totalmente inexplicable la heroica y prolongada resistencia nacional de los libios ante tan poderosos agresores, los cuales (los agresores) se consideran a sí mismo casi como los “amos del planeta”…     

      A la luz de lo anterior, muchos nos preguntamos… ¿Cómo se continuará desarrollando en el futuro esta sangrienta aventura bélica de la OTAN en el Sahara y cuál será su resultado final?...     

      Pero, en mi opinión, sin duda es imposible analizar la actual intervención militar de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en Libia, sin referirnos previamente el contexto geopolítico mundial en que esta intervención militar se produce. 

 

La lucha por los recursos de un planeta agotado y en crisis   

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      Y asimismo, antes de continuar, habría que recordar también que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuyos bombarderos protagonizan los criminales ataques contra Libia, fue creada, cinco o seis décadas atrás, en la época de la llamada guerra fría, para enfrentar y/o detener la expansión de la ex Unión Soviética y sus aliados, y estaba integrada por la mayoría de los países de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá y Australia, fundamentalmente. Y esta alianza, en la práctica, terminó siendo liderada por Estados Unidos.     

      Mas, una vez terminada la “guerra fría” y desaparecido lo que ellos denominaban el “enemigo soviético” con el que supuestamente la OTAN debía combatir, la mencionada Organización del Tratado  del Atlántico Norte no se disolvió, sino que sus países miembros reelaboraron la función que esta alianza estaría destinada a cumplir en el futuro.     

      Porque en este nuevo mundo posterior a la “implosión” de la Unión  Soviética, los Estados Unidos  creyeron tener casi libre el camino para autoconstituírse en una suerte de “potencia hegemónica mundial”, pero la vieja Europa aún conservaba un considerable poder, Rusia (nuevamente con una economía capitalista) tampoco se resigna a perder sus “status” de gran potencia.      

      Otros países “emergentes” crecían y crecen aceleradamente, tanto en lo económico como en el aspecto militar, y uno de los crecimientos más rápidos corresponde a China, la nación más poblada del mundo (con una población que en el año 2.006 superaba la cifra de 1.300.000.000 habitantes –más de la quinta parte de la población mundial-), cuyo ejército, el EPL (Ejército Popular de Liberación) es el mayor ejército del planeta en cuanto a número de tropas, con más de dos millones y medio de soldados, a lo que debe agregarse su fuerza aérea, con 400.000 hombres y alrededor de 2.000 aeronaves, que constituye la fuerza aérea más grande de Asia y la tercera más grande del mundo, y sus fuerzas navales con unos 250.000 efectivos…

 

 Los nuevos objetivos de la OTAN  

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       Ante tal realidad internacional, los norteamericanos (que en un futuro no muy lejano probablemente tengan que competir con China por el control de los recursos de materia prima, combustibles, agua y biodiversidad que aun queden en el mundo) se vieron necesariamente obligados a compartir, o seguir compartiendo, su “política imperial” y los resultantes de la misma con algunas otras naciones de la vieja Europa.     

       Y así la OTAN, liderada por Estados Unidos y teniendo como socios menores al resto de sus integrantes, en este mundo nuevo en que el supuesto “peligro” ya no es la URSS, procedió a definir “nuevos enemigos” y nuevos objetivos para justificar su existencia y continuidad.     

      Y así, a esa nueva OTAN, con algunos socios también nuevos que se agregaron después de la caída del comunismo, se le asignó, en la práctica, la misión de intervenir militarmente en cualquier país o lugar de nuestro planeta, en muchos casos aun sin declaración de guerra alguna, para defender los intereses económicos y estratégicos de los EEUU y de sus socios europeos, aunque los “pretextos” que se utilizan para tales intervenciones sean “la lucha contra el terrorismo”, combatir “supuestas violaciones de los derechos humanos”, la instauración (a sangre y fuego y bombardeos mediante,) de regímenes “democráticos” en estados supuestamente dictatoriales o totalitarios,… etc., etc., etc….              

      Por otra parte y como lo señalábamos anteriormente, debemos recordar que vivimos en un planeta (la Tierra) que está agotando sus recursos naturales y biodiversidad y cuya población crece aceleradamente, mientras del mismo modo crece incesantemente  la demanda de materia prima y combustibles para un desarrollo industrial, también acelerado, de las grandes potencias y de otras naciones que aspiran a serlo… 

 

Estados Unidos frente a China?

      

 

      Y probablemente, como también lo dijimos con anterioridad, en un futuro no lejano, el principal rival para los Estados Unidos y las otras potencias occidentales, en esta suerte de competencia feroz por el control de los recursos naturales del Mundo o, por lo menos, para tener bajo su control los  recursos de materia prima que aun queden en el Mundo, va a ser la República Popular China…            

      Así, y previendo este futuro, los chinos ya en el presente tratan de “posicionarse” y lograr la mayor influencia posible en lo que consideran serán, dentro de algunos años, los puntos estratégicos de nuestro planeta que permitan controlar desde allí los recursos necesarios para la industria, el poder militar y el consumo de la propia población.           

      Estados Unidos, acompañado por Inglaterra, Francia, Italia y otros países occidentales industrializados, hace otro tanto y también está alistándose para esta suerte de confrontación política, económica y estratégica (¿y por qué no militar?), del futuro, y tratan de posicionarse en los diversos lugares de la tierra que resultan claves o, por lo menos importantes, para su propio interés como potencia mundial y/o como potencias industriales.     

      Dentro de este reacomodamiento de las diversas piezas en el tablero del ajedrez mundial es que deberíamos ver, a mi criterio, las pasadas “guerras del Golfo”, el caso Irán, el desarrollo como potencia nuclear de Israel, muchos aspectos de la llamada “primavera árabe”,  la reactivación de la “Cuarta Flota norteamericana” para una posible acción bélica en mares, ríos o territorios sur y centroamericanos y, más precisamente en el presente, esta guerra de las principales potencias militares del mundo contra Libia.     

      Porque, sin duda, el gobierno de Gadhafi tiene algunos “componentes autoritarios” (algo que, por otra parte, es bastante común en el mundo árabe), pero los supuestos “componentes autoritarios” del gobierno de Gadhafi deben ser lo que menos les preocupa a estas modernos “cruzados” de la OTAN, a quienes, mucho más que “la democracia” y los “derechos humanos”, lo que realmente les interesa son los recursos petroleros del subsuelo libio.      

      Y la posibilidad de controlar estos recursos petroleros en su propio beneficio, les quedará asegurada a esos países de la OTAN si logran instalar en Libia un régimen “títere” que responda a sus intereses. 

 

En el hipotético caso de un derrocamiento de Gadhafi, ¿cómo los vencedores repartirían el botín?

      

      Pero también existe una fuerte pugna entre los mismos países que participan en el ataque armado contra Libia.      

      Esta pugna, por supuesto, es por determinar, en el hipotético caso de un derrocamiento de Gadhafi, como se repartirán el botín o, dicho de otro modo, como se repartirán el petróleo libio. Se trata de un “botín” muy importante.      

      Antes de esta suerte de “guerra no declarada”,  Libia –que es el tercer país productor de petróleo de África– extraía alrededor de 1,6 millones de barriles por día. Y, hasta pocos años atrás, las exportaciones de petróleo libio iban en un (32%) a Italia , seguido por Alemania (14%), Francia (10%), China (10%), España (9%) y Estados Unidos (5%), según datos del Atlas del Mercado Global. El otro 28% estaba dividido en pequeñas porciones para otros países de Europa y Asia como Serbia, Reino Unido, Holanda, Austria, Portugal, Irlanda, Grecia, República Checa, Indonesia, India, Singapur y otros…     

      Esta pugna por el “reparto del botín petrolero” amenaza resquebrajar la frágil alianza entre los países atacantes. Y, por otra parte se resquebraja la unidad del grupo rebelde alzado en armas, y graves fisuras aparecen en el mismo, a pesar del control que las potencias extranjeras ejercen sobre ellos. Las fisuras y la pérdida de unidad y de moral han llegado a tal punto que uno de los jefes rebeldes locales, el General Yunis, fue asesinado recientemente por sus propios custodios.           

       Por otra parte, la enorme resistencia popular con que se han encontrado los agresores y el hecho de que, aun disponiendo de una tecnología bélica muy superior a la de los libios, en más de cuatro meses no hayan podido todavía derrocar a su gobierno demuestra claramente el enorme respaldo de gran parte de la población que aún posee el Coronel Gadhafi. 

 

¿Hacia una invasión en gran escala con fuerzas terrestres?  

.    

 

 

      Ante el fracaso de lo realizado hasta ahora y de los ataques aéreos,… ¿Cómo harán los agresores para apoderarse de algo así como cuarenta y dos mil millones de barriles de petróleo que se encuentran a poca distancia del Mar Mediterráneo? ¿Optarán los Estados Unidos y sus aliados por una invasión con fuerzas terrestres para tomar el control territorial de Libia e imponer allí un “gobierno” de su agrado?...     

      ¿Y si así se hiciera, como terminaría esta gigantesca operación militar?     

      De todos modos e independientemente de cual sea el resultado final de esta indisimulada intervención militar extranjera en contra de Libia, los hechos demuestran la enorme “impunidad” con que cuentan Estados Unidos y sus aliados para violar fronteras, desconocer en la práctica la soberanía de cualquier estado del Mundo e inmiscuirse en sus asuntos internos, cometer cualquier tipo de asesinatos aún fuera de sus fronteras, apoderarse por la fuerza de los recursos naturales y de biodiversidad que todavía quedan en la Tierra, etc.  

 

Quienes serán los próximos?

      

       Y cabría una última pregunta. Si la OTAN alguna vez consiguiera derrotar a las tropas de Gadhafi y establecer un gobierno títere y sumiso en Libia, que les permita dócilmente saquear y apoderarse de su petróleo y otros recursos de dicho país africano,… ¿Cuál será el próximo objetivo de la Organización del Atlántico norte y cuál será el próximo blanco para los modernos y poderosos bombarderos de tal organización?...      

      ¿Cuál será el próximo país que elegirán para inventar o potenciar una supuesta “rebelión popular”, establecer un gobierno “títere”, brindarle “apoyo aéreo” y, bombardeos mediante, lograr que controle algún sector de su territorio, para posteriormente reconocerlo como “gobierno legítimo”, y después, por supuesto, apoderarse de sus riquezas y recursos?

Palo Santo, agosto de 2.011.       

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                                                                    Ramón M. Godoy

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