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REFLEXIONES DEL PADRE FRANCISCO NAZAR, SOBRE ORDENAMIENTO TERRITORIAL DE BOSQUES NATIVOS EN FORMOSA Imprimir E-mail
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     Cuando nos referíamos a la audiencia publica sobre el ordenamiento territorial de los bosques nativos de Formosa, convocada por el Gobierno Provincial y realizada el día 29 de marzo de 2.010, comentábamos la imposibilidad que tuvieron muchos de los asistentes para expresar su posición y pensamiento al respecto, ya que el el tiempo máximo que se otorgaba a cada uno de los expositores era de apenas cinco minutos.

      Y decíamos que al R.P. Francisco Nazar (que había pedido hacer uso de la palabra), cuando apenas estaba realizado una breve introducción al tema, el coordinador de la audiencia le comunicó que "su tiempo para hablar ya se había terminado" , motivo por el cual optó por devolver el micrófono y regresar a su lugar entre el público presente.

      De todos modos, con posterioridad, el Padre Nazar realizó una presentación por escrito, dirigida al Sr. Subsecretario de Recursos Naturales y Calidad Ambiental, mediante una nota en la cual expresaba todo lo que no se le posibilitó decir en la mencionada audiencia pública del 29 de marzo. Y también nosotros recibimos recientemente un mail en el que el sacerdote nos enviaba una copia de dicha nota.

      Y por enteneder que se trata de un documento cuyos conceptos compartimos y cuyo contenido resulta sumamente interesante y valioso, no solamente desde un punto de vista social y ambiental, sino también desde una perspectiva ética y filosófica que nos permita superar una visión antropocéntrica del mundo y avanzar hacia una concepción mucho mas amplia y holística de la realidad,  hemos considerado oportuno transcribir el documento del Padre Francisco Nazar y publicarlo en nuestro sitio web...

      La nota del Padre Nazar, decía (o dice) textualmente lo siguiente: 

 

       

Presentación en la Audiencia Pública sobre Proyecto de Ordenamiento Territorial Formosa

 Formosa, 29 de marzo del 2010,  Padre Francisco E. Nazar

 

       Estamos todos aquí reunidos en esto que se llama Audiencia Pública. Audiencia viene del latín “audire” que significa “escuchar”. Esta es la primer actitud de todos nosotros, la de la escucha, y de una escucha respetuosa. No somos enemigos unos de otros y tampoco enemigos de la tierra, nuestra madre, donde nacen los bosques. Escucharnos es una actitud fundamental que necesitamos para poder dialogar, convivir y construir el bien común.      

      Es también una Audiencia Pública porque lo público nos compete a todos. Sin amos ni dueños. Pública porque vivimos en democracia, en libertad, donde tenemos el deber y el derecho a la participación y a dar públicamente nuestra palabra para ir tejiendo una Formosa más humana y armónica. Más justa en la distribución y en el uso de la tierra y de todos los bienes que Dios nos ha regalado.

      A esta audiencia llegamos cada uno con su propia mirada dentro de una multiplicidad. Puedo mirar un algarrobo o cualquier árbol nativo, valorando su sombra, sus frutos, su leña, su aporte al ecosistema y al equilibrio ecológico, su madera que me ofrece para diversos usos y su relación mitológica como lo es por ejemplo para el pueblo Wichi que dice en sus relatos de origen que después de un gran incendio que sobrevino en el mundo, el Incanchu y su hermanita, dos niños pájaros que se escondieron en la cueva de un tatu carreta se salvaron y crearon el algarrobo, el palo santo, la sachasandia y todos los árboles del monte. [1] 

      Otra mirada es la de solo pensar en cómo maximizar ganancias poniendo el mercado como prioridad. Y otra mirada es cómo sacar este árbol que es un obstáculo para “desarrollar” otras actividades más rápidas y rentables aún. Hay una variedad de miradas: técnicas, productivas, comerciales, políticas, ambientales, etc. Y miradas múltiples en relación al concepto de desarrollo. Nuestro aporte específico, dentro de una perspectiva integral, es el de la dimensión espiritual y ética; preguntarnos qué estamos entendiendo como desarrollo; presentar nuevos paradigmas y también preguntarnos sobre la distribución de la tierra en Formosa.

 

Espíritu

 

      Los Pueblos Originarios han desarrollado durante miles de años una relación espiritual, de respeto, veneración y cuidado de la tierra. “Es nuestra madre y con ella tenemos una profunda relación espiritual”.  Se sienten unidos a la energía de los vientos, de los bichos del monte, de las aguas, de los bosques, del fuego y de cuanto vive. Todos conectados e interligados entre si y todos dependiendo los unos de los otros.

      Esta mirada es la que permite sentir el espíritu cósmico palpando la relación interna y armónica que sopla como misterio y viento invisible sobre todos los seres vivos de la tierra. Con la tierra y la selva, los Pueblos Indigenas del Gran Chaco Sudamericano tienen narrados todos sus mitos y relatos de origen. Tierra y selva son la base de su cosmovisión, de su espiritualidad y de su comportamiento con ellos.      En el mito del origen de las Etnias del Pueblo Wichi, cuenta que un hombre hizo una enorme batea de yuchán. Luego salió a cazar y mató un tapir y volcó su sangre en la batea. Luego mató una corzuela e hizo lo mismo y así puso en la batea, la sangre de toda la fauna silvestre del monte como el rosillo, el majan, el quimilero, el oso hormiguero, la vizcacha, el tigre. Y la tapó con un trapo. A los pocos días fue y destapó la batea y se encontró con un montón de gente sentados unos frente a los otros. “Estos somos nosotros los Wichi se dijo el cazador, mi creación ha resultado bien”.[2]     

      En el mito bíblico de la creación, el libro del Génesis describe a Dios tomando tierra, haciéndola barro y creando con manos artesanas a los seres humanos. Luego “sopló y le inspiro sobre el rostro aliento de vida”[3]. Le dio su Espíritu uniendo tierra y espíritu. Por eso el ritual católico recuerda todos los miércoles de ceniza a los cristianos: “Acuérdate que tierra eres y en tierra te convertirás”. Esta profunda creencia permanece en campesinos y criollos humildes y en la cultura de una gran mayoría de formoseños que nunca han cortado con esa su creencia. Es ese estar re-ligado al espíritu, a la tierra, a la vida toda y a Dios (re-ligión).

      Hay otra expresión propia del espíritu que pone a la persona en diálogo con la naturaleza y la naturaleza con ella, como lo son la belleza  y el arte.  Observar, escuchar y aprender los distintos y semejantes momentos que viven los bichos del monte, las aves y las plantas son belleza y sabiduría.

 

Ética

 

      La dimensión ética la hemos concebido en la sociedad occidental solamente centrada en el ser humano, dejando fuera los problemas ambientales como la extinción de especies, la devastación de los bosques, el calentamiento global. Este grito de la tierra sublevada está demandando un cambio de paradigma, una nueva ética que contemple a todos los seres vivientes y así cambie nuestra violenta relación con ellos.

      Nos pone la ética en contacto con los valores que sustentan nuestro modo de estar y nuestras relaciones en pos de una convivencia armónica con la tierra y entre nosotros. Una ética ambiental va de la mano de una ética social pues destruir el bosque afecta a todos los sectores sociales cuyas principales víctimas son siempre los pobres. Los pobres además, son la memoria en carne viva de la humana fragilidad. Lo que a ellos acontece, a todos a la larga sucede. Por eso se hace necesario escuchar el “grito de la tierra y al grito de los pobres”.     

      Aldo Leopold   fue un silvicultor, ecólogo y ambientalista estadounidense. Influyó en el desarrollo de la ética ambiental y el movimiento por la preservación de la naturaleza salvaje.  En su libro arguyó que el paso siguiente en la evolución de la ética es su expansión a la inclusión de los miembros no humanos de la comunidad biótica, colectivamente entendida como "la Tierra". La frase central de la ética de la Tierra de Leopold sería: “Una cosa es buena cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es mala cuando tiende a lo contrario”.     

      También la describe de esta manera: "La ética de la Tierra simplemente amplía los límites de la comunidad para incluir los suelos, aguas, plantas y animales, o, colectivamente: la Tierra. Una ética de la Tierra cambia el rol del Homo Sapiens (hombre inteligente) de ser conquistador de la comunidad de la tierra a simple miembro y ciudadano de ella. Esto implica un respeto por los otros miembros de la comunidad y también un respeto de la comunidad como tal”.[4]      “Nunca debemos olvidar esta verdad: somos tierra. Tenemos el mismo destino que la tierra. Pero hemos recibido de Dios una misión: cuidar y guardar la tierra. Es nuestra dimensión ética, que solo nosotros tenemos”[5]

      Cuando las políticas públicas asumen como propias la mirada conquistadora que solo piensa en lo inmediato de ganar y ganar y de convertir nuestra provincia en una inmensa área cultivable a toda costa, utilizando para este fin impresionantes orugas con cadenas que parecen tanques de guerra para destruir otras 800.000 hectáreas de bosque nativo y luego sembrar soja, algodón, trigo, etc., nos preguntamos: ¿No es esto un ecocidio que transgrede toda norma ética? 

 

Desarrollo

 

       ¿Podemos seguir llamando a esto desarrollo? Si estuviéramos en décadas pasadas, quizás sí. Pero hoy, cuando estamos viviendo la principal crisis económica internacional después de la posguerra, decididamente no. Las causas de la actual crisis son muchas y diversas. Pero la verdadera razón, la más profunda es que estamos asistiendo a un derrumbamiento de un sistema económico donde solo cuenta maximizar la productividad y el lucro a cualquier costa, sea humano o sea ambiental.      

      Hace unas semanas, volviendo de las comunidades indígenas de Ramón Lista, nos encontramos en el camino con un oso hormiguero que iba cruzando la ruta de tierra con serenidad, prestancia y con toda su belleza natural. Cuando vi este espectáculo maravilloso que se reproduce así con todos los bichos del monte en el Oeste Formoseño, de repente me imaginé, no sé por qué, a este bicho sin monte, llegando al otro lado del camino y encontrándose de repente con su hábitat destruido, o sea sin su lugar. Me imaginé al oso hormiguero muerto, no solo él sino toda su especie.

      Como lo vemos, ha pasado y está pasando actualmente en Formosa y en las provincias hermanas de Chaco, Salta y Santiago del Estero, donde ha sido devastada la biodiversidad en nombre del desarrollo.      Hoy todos los seres vivientes estamos amenazados. Solo tenemos para todos nosotros y para nuestros hijos esta tierra, este lugar, esta casa, esta Formosa. Aquí es donde nosotros amamos, lloramos, es donde nacen los hijos y las familias, es aquí donde esperamos, soñamos y también rezamos. El destino y el futuro de esta tierra están en nuestras manos. De nosotros depende.     

      Lo que queremos hacer visible es la necesidad de cambiar el paradigma que durante los últimos siglos impulsó el progreso de Occidente, de una concepción de desarrollo lineal e ilimitado, por un nuevo paradigma que ha irrumpido en estos tiempos de crisis. El planeta está profundamente herido. Sangra. Desertificación sin control, la lucha por el agua, especies que desaparecen a un ritmo que nunca tuvo el proceso evolutivo, el aire cargado de tóxicos, pueblos enteros con su riqueza cultural amenazados de muerte.

      Una propuesta de desarrollo tiene que estar subordinada a criterios éticos. Una ética ecológica implica el abandono de una moral utilitarista e individualista y la aceptación del destino universal de los bienes.

 

Realidad

 

      Formosa es una provincia con la belleza de su diversidad de culturas conformada por Pueblos Indígenas, de rostros criollos, de inmigrantes, de miles de familias con raíces guaraníes procedentes del Paraguay y habitantes venidos de otros rincones del país que se han radicado en estas tierras.

      Es una provincia pluriétnica y multicultural, donde permanecen los valores de la cultura de sus grupos diferentes, con sus creencias, mitos, idiomas, normas y costumbres. Es parte del Gran Chaco Central, diversa, esplendorosa, abundante y única en el mundo; sus ríos, esteros y bañados; sus grandes extensiones de monte y bosque; su flora y su fauna muy diversa y rica en especies animales y vegetales.

      Es también tierra de promoción en la cría de ganado mayor y menor, en la explotación racional de los montes, en sus caudalosos pozos de petróleo y su potencial agrícola que la hacen posible de generar una vida de trabajo y bienestar para todos sus habitantes.      

      Al mismo tiempo que nos encontramos con estas enormes riquezas, también nos encontramos con esta paradoja de una inmensa pobreza, que se manifiesta por ejemplo, en la mortalidad infantil. Según un informe de COFESA, organismo que reúne a los ministros de Salud Pública de las 24 provincias del País, Formosa continúa encabezando el dramático ranking de mortalidad infantil con 22,9 por mil.[6] La provincia tiene unos 12.000 partos anuales de manera que, para sacarlo de un porcentaje, de cada mil niños que nacen mueren unos 35 antes del año de vida por razones que son evitables. La mayoría de estas muertes son del interior.      

      Pobreza que encontramos en las periferias de nuestros pueblos y ciudades, super-concentradas de gente que proviene del campo. La gran mayoría de ellos lo abandonó contra su voluntad por no encontrar incentivos, infraestructura, ni apoyos mínimos para llevar adelante una agricultura familiar con  dignidad, rentabilidad y la incorporación de nuevas tecnologías adecuadas a sus necesidades.       Esta paradoja de grandes recursos que nos da el ambiente y durísima pobreza, no es exclusiva de Formosa. Es el drama de toda América Latina.

      Los obispos latinoamericanos expresan lo siguiente: “Hoy hay una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación y muerte por toda la región. En todo ese proceso, tiene una enorme responsabilidad el actual modelo económico que privilegia el desmedido afán por la riqueza por encima de la vida de las personas y los pueblos y del respeto racional de la naturaleza.      

      La devastación de nuestros bosques y de la biodiversidad, mediante una actitud depredatoria y egoísta, involucra la responsabilidad moral de quienes la promueven, porque pone en peligro la vida de millones de personas y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas, quienes son expulsados hacia tierras marginales y a las grandes ciudades para vivir hacinados en cinturones de miserias.

      Nuestra región tiene necesidad de progresar en su desarrollo agro-industrial para valorizar las riquezas de sus tierras y sus capacidades humanas al servicio del bien común pero no podemos de dejar de mencionar los problemas que causa una industrialización salvaje y descontrolada de nuestras ciudades y del campo, que va contaminando el ambiente con toda clase de desechos orgánicos y químicos. Lo mismo hay que alertar respecto a las industrias extractivas de recursos que, cuando no proceden a controlar y contrarrestar sus efectos dañinos sobre el ambiente circundante, producen la eliminación de bosques, la contaminación del agua y convierten las zonas explotadas en inmensos desiertos”[7].

      La discusión en esta audiencia pública propuesta por el gobierno con motivo de la Ley de Bosques es oportuna dado que no podemos dilatar más tiempo la discusión sobre nuestro modelo de desarrollo. Tampoco se cocina todo en una, dos o tres Audiencias. Lo que se está decidiendo es de vida o muerte futura. Tenemos que tomar una decisión sobre qué paradigma se va a sostener el nuevo modelo de desarrollo.

 

 

Necesidad de un nuevo paradigma

 

    Insistimos: venimos con una visión del mundo antropocéntrica, en la cual el hombre era el dueño y señor de todo, único sujeto de derechos. Con la creencia de que podía disponer libremente de todo, según su deseo. Sin límites. Con el solo límite de lo posible. Todo lo posible se puede hacer.      

      En estos últimos años estamos tomando conciencia de que ya no somos señores de todas las cosas, somos parte de ellas. Esta parte no puede manejar el agua, el aire, los bosques, como simples recursos desintegrados, sin conexión unos con otros, sin conexión con nosotros. Y menos a nuestro exclusivo antojo.     

      Esta expresión de que somos tierra, nos involucra a todos. No es un “medio ambiente” fuera del ser humano, es un ambiente total, holístico, que abarca el bosque, el agua, el aire y todo ser viviente. Un mundo de relaciones que necesariamente se necesitan unos a otros y sobre las cuales ninguno puede dominar al otro o decirle al otro “yo no te necesito”. No hay un imperio de uno sobre otro. Al ser humano le compete cultivarla y cuidarla, que significa garantizar su sustentabilidad  o sea que nos ofrezca todo lo que necesitamos para vivir bien.      

      Es interesante que en toda América Latina hay un fuerte movimiento de esta nueva conciencia holística. Las Constituciones de Bolivia y de Ecuador son ejemplo de ello. “La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos”.[8]     

      La naturaleza es también sujeto de derecho. En este nuevo paradigma no solo el hombre es sujeto de derechos, también lo es la tierra. Hoy la conciencia de lo sagrado de la vida se extiende a todo ser viviente. Y por lo tanto el “no matarás” también interpela nuestro modo de relación con los bosques y el ambiente. No tenemos ningún derecho a eliminar ninguna forma de vida por muy pequeña que sea. Todos tenemos derecho a la vida en igualdad de condiciones.      

      Una de las premisas del modelo anterior es que los recursos son infinitos e inagotables y que el crecimiento es ilimitado. Era posible explotar toda la naturaleza porque sus recursos eran inacabables. Los montes tenían una extensión infinita, los ríos daban un agua inagotable, los recursos del suelo no se acababan, carbón, petróleo, minerales…Hoy reconocemos que los recursos tienen límites, no todos son renovables y una concepción cuantitativa del crecimiento es científicamente insostenible.      

      No todo lo que es posible lo debemos hacer, porque como ciudadanos responsables, tenemos el deber de la autolimitación y crear límites para hacer posible este nuevo paradigma, una nueva visión integral de la vida, donde quepan todos: bosques, ríos, bichos, pueblos, tradiciones, etc. Esta visión integral pone el eje en el “buen vivir” para todos. En la armonía y el equilibrio.       Por eso nos preguntamos, ¿desde cuál perspectiva hablamos de “ordenamiento territorial de Formosa”?:-        Desde una visión de señores, de estar por encima…?-        Desde una visión holística, integral, armónica…? 

 

La distribución de la tierra

 

       Uno de los temas notoriamente ausentes en el Ordenamiento Territorial es el de la actual distribución de la tierra. Una justa distribución de la tierra y la preservación del ambiente son dos aspectos de una misma realidad. Van juntas y no pueden ser soslayadas. También este tema entra dentro de la ética social y ambiental, del concepto de desarrollo y de los nuevos paradigmas.

      La República Argentina tiene una mala e injusta distribución de la riqueza y la primera y principal riqueza es la tierra.  La justa distribución de la riqueza no son sólo los dineros de la coparticipación federal o de las que Nación envía para la obra pública. Es la tierra el sustrato o sostén de toda riqueza.

      En estos últimos tiempos la concentración de tierras en manos de algunos “grandes” han provocado desniveles e injusticias “por las formas de apropiación indebida de la tierra por parte de propietarios o empresas nacionales e internacionales y en algunos casos con el apoyo de instituciones estatales que han despojado a pequeños agricultores de sus tierras, creando modos de explotación de la tierra que deteriora el medio ambiente”[9].

      La presencia de estas firmas concentradoras ahogan a los pequeños que al no tener seguridad jurídica alguna ni protección del Estado, no les queda más remedio que vender sus tierras y mandarse a mudar.

      Reglas claras y seguridad jurídica. Si hablamos de “seguridad jurídica” quien primero tiene derecho a la seguridad jurídica en la posesión de su tierra y en la decisión de su ambiente, es quien la ocupa y vive en ella, con ella y de ella, con su familia y desde hace mucho tiempo. Nunca hubo seguridad jurídica para con los pequeños. No cuentan con los recursos necesarios para abogados y trámites judiciales que además nunca están a favor de los débiles.

      En nuestra provincia son sobre todo, las comunidades indígenas, los campesinos y criollos. Ante una tierra sin gente y sin familia, este es el momento de preguntarnos si no tenemos que hacer un parate, mirar la cosa y hacer un nuevo esfuerzo por crear condiciones de desarrollo sustentable para los sectores campesinos, criollos e indígenas. Sobre todo en los jóvenes que mientras en las ciudades mueren, en el campo tienen las posibilidades de una vida nueva de trabajo y producción.   

      ¿O es que el grito de los miles de jóvenes hacinados en pueblos y ciudades no llega a nuestros oídos?

      No podemos dejar de preguntarnos de quienes son o serán esas 800.000 hectáreas “verdes” que el POT-For propone.

 

Algunas Propuestas

       Tenemos que buscar un modelo de desarrollo alternativo integral y solidario basado en una ética que incluya la responsabilidad por una autentica ecología natural y humana que se fundamenta en la justicia, la solidaridad y el destino común de los bienes y que supere la lógica utilitarista e individualista que no subordina a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos.      

      Tenemos que empeñar nuestros esfuerzos en la promulgación de políticas públicas y de participación ciudadana que garanticen la protección, conservación y restauración de la naturaleza.       Tenemos que tomar medidas de monitoreo y control social para garantizar la aplicación de los estándares ambientales.[10]     

      Tenemos que reparar el daño físico y moral infligido a las comunidades indígenas, a los campesinos y criollos,  impulsando una reforma en la distribución de la tierra y los recursos naturales. Lo cual implica generar un cambio profundo de actitudes para estos sectores víctimas de la expulsión de sus tierras y territorios, heridos en su dignidad humana de labradores y cuidadores de de la tierra y optar por este nuevo paradigma que supone la presencia de la familia que vive con la tierra, con ella y en ella.      

      Para un ordenamiento territorial requerimos como indispensable contar con información sobre los procesos de tenencia de tierras que han sucedido en los últimos años, conocer el actual mapa de distribución de la tierra en la provincia, que cantidad de tierras han sido vendidas en los últimos 5 años, a quiénes y qué porcentaje son de formoseños y de otras provincias y países y si tienen el título de propiedad definitivo.     

      Crear ambientes es parte del trabajo ingenioso de los seres humanos. Modificamos para mejor vivir. Lo que tenemos que tener en cuenta en este ordenamiento territorial y en las decisiones que tomemos es cómo modificamos garantizando sustentabilidad. ¿Nos imponemos sobre ella con espíritu de dominación y conquista o tratamos a la Tierra con la conciencia y el corazón hermano de pertenecer a ella?.

      Como dice Leonardo Boff  “cuidar significa un gesto amoroso para con la tierra. Es la mano extendida para la caricia esencial, a fin de protegerla y defenderla”. Se trata de un desarrollo sabio para hoy para las generaciones venideras.      

      Finalmente queremos decir que  EDIPA y ENDEPA hemos participado en la elaboración del documento “Aportes y reflexiones sobre el Ordenamiento Territorial en la Provincia de Formosa” junto con varias organizaciones e instituciones de la provincia. Palabra que sostenemos y aportamos en forma conjunta.

 

                                          Firma:          Francisco Nazar 

[1] “La buena voluntad Wichi” J.Palmer[2] “La buena voluntad Wichi” J.Palmer[3] Genesis 1[4] "A Sand County Almanac" Aldo Leopold - Wikipedia[5] Leonardo Boff – Agenda LA[6] COFESA (Consejo Federal de la Salud). Cfr. (semanaprofesional.com).[7] Documento de Aparecida nº473[8] Constitución del Ecuador  ( art. 71)[9] Ibid [10] Documento de Aparecida 

 

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Comentarios (1)Add Comment
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escrito por un invitado, mayo 03, 2010
Me parece muy bien que se haya publicado en el sitio web de PUMHA esta nota del Padre Nazar. Son reflexiones muy profundas y sobre todo una forma de ver y sentir al mundo (viviente y no viviente) muy distante del antropocentrismo que ha caracterizado siempre a occidente y también al pensamiento judeo cristiano tradicional. Un antropocentrismo que no parece tener ningun fundamemto solido ni en la realidad natural ni en un pensamiento filosófico y teológico serio. El pensamiento del P. Nazar significa un reconciliar al hombre con la tierra, con toda la vida (no solamente la humana) y con la totalidad de la obra de Dios que es el Mundo. Ojalá hubiera muchos sacerdotes como el padre Nazar. Hector, de Río Cuarto.

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